Cuatro conflictos

En 'Cuatro lunas' se respeta la condición homosexual sin caer en lo burdo, grotesco o en el melodrama barato.
Fotograma de Cuatro lunas.
Fotograma de Cuatro lunas. (Especial)

Cuatro lunas está estructurada en cuatro historias en paralelo que avanzan de manera independiente y abordan un solo tema: el amor y la homosexualidad, y están planteadas desde un género pocas veces visto en el cine, sobre todo en el cine mexicano: la comedia romántica.

Mauricio, de once años, descubre su atracción por los chicos; cuando la manifiesta, tiene que soportar las burlas, humillaciones e insultos de sus compañeros y, para rematar, la actitud machista de su padre.

Está la historia de Fito y Leo, amigos de la infancia que se reencuentran en su juventud para descubrir su homosexualidad y se enamoran. Pero los problemas acontecen cuando Leo se siente incómodo porque no quiere que su familia se entere, lo que genera en la pareja una desesperanza amorosa.

También está la relación consolidada de Hugo y Andrés, una pareja que se enfrenta a la problemática de un tercero y, como en cualquier pareja, se tiene miedo al abandono.

Y la historia de Joaquín, un anciano que ya es abuelo y se obsesiona por besar y sentir amor por Gilberto, un prostituto de gran musculatura.

Las cuatro historias enganchan por la fuerza de su conflicto: cuando el padre de Mauricio saca la bolsa de golpeo para que practique y pueda defenderse de las agresiones, y Leo busca a Fito para decirle que ya puede invitarlo a comer a su casa como su pareja, se ha producido un movimiento en los personajes: la aceptación.

El conflicto de Hugo y Andrés es como el de cualquier pareja heterosexual que hace lo posible por evitar el desamor y se replantea su relación —que ha caído en la rutina—, asume los altibajos y perfecciona su amor.

Joaquín va al baño de vapor con la intención de hacer un trato sexual con Gilberto hasta que lo logra; Joaquín intenta besarlo, pero el prostituto no accede, pero cuando se da cuenta que el viejo es un poeta, le regala el beso.

En Cuatro lunas se respeta la condición homosexual sin caer en lo burdo, grotesco o en el melodrama barato, y menos hace propuestas indecorosas. Se centra en desarrollar la problemática de cada historia sin olvidar los preceptos del género dramático. La película está bien fotografiada, los actores espléndidos, además de que la realización merece un aplauso porque nos involucra con agilidad en los conflictos que plantea.

Como percepción personal, siento que el autor trabajó la estructura como una reminiscencia —imposible de negar, ya que tiene que ver más con la actitud que con el tema— de la obra maestra de David W. Griffith, Intolerancia.

Cuatro lunas (México, 2014), dirigida por Sergio Tovar Velarde, con Alonso Echánove y César Ramos.