[Crónica] Esperando a Gabo

Había quienes se detenían a dejar su ofrenda y tomarse alguna fotografía; la mayoría dejaba sus flores y se alejaba con un dejo de tristeza, quizás espantados por las cámaras que corrían tras ellos.
Varias personas dejaron flores en la puerta de la casa de Gabriel García Márquez.
Varias personas dejaron flores en la puerta de la casa de Gabriel García Márquez. (Jorge Carballo)

Ciudad de México

Los automóviles transitaban lento por la calle de Fuego, que no logra recuperar su cotidiana tranquilidad debido a la presencia de tantas cámaras de televisión en busca de una imagen o de algún personaje, pero las cosas siguen igual. Alrededor del patriarca solo hay hermetismo y un silencio que es roto por el sonido del helicóptero que sobrevuela la zona... porque muy cerca se encuentra el Estadio de Ciudad Universitaria, donde hay juego de futbol.

Rodrigo llegó al mediodía a la casa. Pasadas las dos de la tarde, llegó Gonzalo con una gorra de los Pumas y la satisfacción del triunfo. Unos minutos después, dos camionetas y un automóvil salieron de la casa, con la familia García Barcha a bordo. Era la hora de comer.

El portón apenas se abría, solo para la salida de los ayudantes domésticos cuando había que comprar algo o cuando algún lector tenía la suerte de que recibieran sus flores amarillas o las banderas que ahí se dejaban.

Había quienes se detenían a dejar su ofrenda y tomarse alguna fotografía; la mayoría dejaba sus flores y se alejaba del lugar con un dejo de tristeza, quizás espantados por las cámaras que corrían tras ellos. No pasaba nada más.

Alrededor de las cinco de la tarde llegó el titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, quien expresó sus condolencias a la familia y adelantó algunos detalles del homenaje que Gabo recibirá hoy.

Tras la visita, la bandera colombiana seguía pegada a la puerta y las flores amarillas se acumulaban en la esquina del portón. Nadie salió por ellas.