Crítica de cine: Plaga de errores

No se ve que Horacio y Lucrecia se amen con locura, y nunca sabemos por qué fueron capaces de cometer el crimen —el autor no se preocupa un milímetro por resolverlo—.
Dolorosa úlcera dramática.
Dolorosa úlcera dramática. (Especial)

México

Enero es una película producida por empresas e instituciones michoacanas. Lamentablemente el resultado está plagado de errores y horrores como de un virus mortal que se transmite del guión a la dirección.

Esta dolorosa úlcera dramática empieza desde la primera toma. En fondo negro escuchamos a una pareja hacer el amor; de repente oímos que se abre una puerta, hay gritos de mujer, un golpe seco y la voz de otra mujer que dice que la sujete de los pies. Es cuando vemos la primera imagen: Horacio y Lucrecia están en el baño mirando el suelo —la esposa yace muerta fuera de cuadro—, pero ambos están vestidos. Entonces, si no estaban haciendo el amor, ¿cuál era la intención de los gemidos? Se hace más inverosímil cuando ella le da el hacha con la que mató a la esposa y no tiene manchas de sangre.

Más adelante Lucrecia dice a Horacio que él mató a su mujer y no se defiende; por más trastornado que esté, sabe que ella es cómplice y son culpables. Tanto el mutismo de Horacio como la superación de la complicidad de Lucrecia corroboran que el autor huye del conflicto, lo cual provoca mayor inverosimilitud.

No se ve que Horacio y Lucrecia se amen con locura, y nunca sabemos por qué fueron capaces de cometer el crimen —el autor no se preocupa un milímetro por resolverlo—. Para colmo, las escenas donde supuestamente hacen el amor son de una languidez provocada por una moral chabacana que muestra a un director aterrado y pusilánime, sin pizca de imaginación. Da la impresión de que los actores sienten vergüenza y no saben qué hacer —lógico sería que se hicieran daño, se rasguñaran, se insultaran—, además de que se les olvidó que acaban de cometer un crimen pasional.

Parece —uno trata de imaginárselo de manera forzada— que Horacio tiende al ensimismamiento, acosado por la culpa; pero lo que no entendemos es por qué ella está de vacaciones, no sufre cambios y parece que no es cómplice.

El desarrollo es espeluznantemente aburrido: caminatas, búsquedas de quien sabe qué en cajas de cartón y husmeos en la bodega. El resultado es cero emoción, sin golpes de efecto, menos un punto de inflexión.

El intento de subrayar al municipio de Erongarícuaro como un lugar turístico, —deja salir a los actores de cuadro para que gocemos el atardecer— solo traiciona la intención dramática. Además, el título de la película es una aberración que no tiene nada que ver con la historia porque en realidad no hay trama.

El único error que no podemos achacarle al autor, sino al espectador, es pagar un boleto por semejante tomadura de pelo.

Enero (México, 2014), dirigida por Adrián González Camargo, con Ernesto Hernández y Sheila Rodríguez.