Crítica de libro: De fluidos rosas y diamantes

"Rojo Floyd", un mosaico de voces reales o inventadas en torno al grupo de rock progresivo.
'Rojo Floyd'. Michele Mari. La Bestia Equilátera, Buenos Aires, Argentina, 2013.
'Rojo Floyd'. Michele Mari. La Bestia Equilátera, Buenos Aires, Argentina, 2013. (Especial)

México

Aunque se maneje un concepto bastante holgado del género novelístico, a veces es por demás complicado sostener un producto editorial con esa etiqueta. Suele usarse el término para justificar el uso de la imaginación en libros basados en hechos reales, como licencia literaria de un autor comúnmente venido del periodismo y con afanes realistas, y también como una manera de evitar algún pleito legal. Podría recurrirse a otras fórmulas, igualmente esquivas al dato cierto, como “biografía no autorizada”… pero se dice “novela”, como si con ello se abriera un umbral en donde todo es posible.

Ocurre así con Rojo Floyd (Rosso Floyd, 2010), del italiano Michel Mari (Milán, 1955), mosaico de voces reales o inventadas en torno al grupo de rock progresivo que debe su nombre a dos celebridades bluseras: Pink Anderson y Floyd Council. Esa libertad del escritor, al mezclar tanto lo verídico como lo posible, es quizá lo que lo lleva a proponer el siguiente, y muy largo, subtítulo: Novela en 30 confesiones, 53 testimonios, 27 lamentaciones (de las cuales 11 son ultramundanas), 6 interrogaciones, 3 exhortaciones, 15 informes, una revelación y una contemplación.

El lector de ficciones, no asiduo a la banda, se preguntará si está ante una auténtica novela, y acaso la respuesta resulte negativa y termine por abandonar el tomo; no hay propiamente personajes, ni desarrollo psicológico alguno o una propuesta narrativa clara; se recopilan anécdotas de cómo se unieron esos músicos, desde el liderazgo primero de Syd Barrett, pasando por la guía emergente, pero enérgica de Roger Waters, y cuyo cierre se dio, en una etapa que ha sido menospreciada, con David Gilmour. Hay muchas historias de quienes tuvieron que ver con ellos, puestas en página como testimonios en un diálogo múltiple, cual si se hubiera convocado a una suerte de congreso pinkfloydiano, sin importar que el participante pudiera estar ahí físicamente o no. El murmullo rulfiano, desde la tumba, también fue aceptado. Quizá el modelo pudiera ser aquel Juicio Universal de otro italiano, Giovanni Papini.

Los que hablan, pues, son los compañeros de viaje de Pink Floyd (amigos de infancia, familiares, colaboradores…) y los cuatro ejecutantes conocidos: además de Waters y Gilmour, Mason y Wright… El gran ausente, Barrett, es él único de los protagonistas que no ofrece testimonio, tornándose como inquietante presencia muda en un universo de palabras y sonidos que parece haberse construido a su alrededor y del que podría ser el principal artífice.

¿Se trata de una novela? No propiamente… aunque por lo exhaustivo de la investigación los seguidores de la banda valorarán positivamente el experimento.