Crítica de libro: De exilio

En la novela 'Que el tiempo nos encuentre', una familia española se traslada a México en busca de mejores oportunidades para sus integrantes.
Teresa Viejo, 'Que el tiempo nos encuentre', Planeta, México, 2014, 512 pp.
Teresa Viejo, 'Que el tiempo nos encuentre', Planeta, México, 2014, 512 pp. (Especial)

México

Veracruz, sitio que la novelista española Teresa Viejo identifica en Que el tiempo nos encuentre como “una enorme piñata rebosante de dulces”, fue durante lustros la puerta de entrada al país de miles de refugiados que tuvieron en este país (México) una patria alterna. Ante la imposibilidad de un futuro en paz, acá llegarían unos y otros —de nacionalidades diversas— a prolongar una identidad. Ahora que se conmemoran los setenta y cinco años del exilio español, sin duda el éxodo más paradigmático y sensible de la historia contemporánea, anécdotas, evocaciones, estudios y recreaciones literarias circulan con abundancia. Una primera recomendación entre las últimas es la de esta autora, también periodista en medios electrónicos de su país.

¿Cuántas vivencias habrá acumuladas sobre la experiencia? Inimaginable balance. Recuerdo el relato de un viejo profesor universitario; nunca se cansó de recrear (vehemente) lo a su vez escuchado de sus maestros. La historia se ubicaba hacia mediados del 37, cuando arribaron a Veracruz los después llamados niños de Morelia: alrededor de quinientos pequeños, puestos a salvo de la guerra civil española gracias a la visión y generosidad del entonces presidente Lázaro Cárdenas. Pero como la ceremonia de recepción incluyó juegos pirotécnicos, niñas y niños perdieron orden y control, corriendo espantados, aún vivo en su memoria el miedo al sonido de bombas y metralla de su país en llamas.

Es en escenarios como Veracruz, Puebla, Ciudad de México, logradamente recuperados por Teresa Viejo, donde sucede la historia de Que el tiempo nos encuentre. Una familia española (disfuncional, diríamos hoy; empantanada en su pasado, diríamos en todo tiempo) se traslada a México en busca de mejores oportunidades para sus integrantes. En especial para Aurora, “envuelta por sus melodías, oliendo a vainilla y vestida de color durazno”, la guapa joven que descubre en los ambientes cinematográficos de entonces —de oro— la posibilidad de nuevos caminos para su existencia.

Juan Orol, Salvador Novo, Seki Sano, Magda Donato, Agustín Lara, Emilia Guiú, Roberto Gavaldón, Graciela Olmos La Bandida y hasta el Güero Batillas, temido pistolero de los peores políticos de los años (recuérdese la gran foto que le hiciera Rodrigo Moya), aparecen en la novela de Teresa Viejo. Otra manera de reinventar las distendidas vidas de los miles de exiliados, clausurada la posibilidad de un regreso a una tierra ya inexistente, que hace además homenaje al cineasta Miguel Morayta, quien tras su incursión en el bando republicano contribuyó a la consolidación del cine mexicano que para las fechas se transformaba en una gran industria.