Crítica de libro: Volver a Garibay

Destinada a "nuevos lectores", la antología garibayana incluye cuento, memoria, crónica, semblanza, diálogos y paraderos literarios; no así novela, género en el que Garibay dejó grandes obras.
Josefina Estrada, "Ricardo Garibay.  Antología", Cal y Arena, México, 2013, 348 pp.
Josefina Estrada, "Ricardo Garibay. Antología", Cal y Arena, México, 2013, 348 pp. (Especial)

México

Ya era hora de que se pusiera un poco de orden en la desperdigada obra literaria de Ricardo Garibay (1932-1999). No porque sus más de cuarenta títulos —acumulados en décadas de publicaciones— estuvieran fuera del mercado. Cualquiera que busque con atención en librerías encontrará algún volumen del hidalguense, independientemente de su sello y género. Como también circulan por ahí los diez tomos de sus llamadas Obras reunidas, ordenadas cronológicamente y con reflexiones y noticias editoriales varias, si bien sus vistosas manufacturas las hagan algo incómodas. Autor de una obra que recrea los sentimientos y las maneras de hombres y mujeres (muchas mujeres) de carne y hueso, Garibay se perfila como uno de los escritores mexicanos más leídos de los años recientes; lo que se reitera y propicia a partir de la publicación de Ricardo Garibay. Antología, selección y prólogo a cargo de Josefina Estrada.

Destinada a nuevos lectores, la antología garibayana incluye cuento, memoria, crónica, semblanza, diálogos y paraderos literarios; no así novela, género en el que Garibay dejó grandes obras. La intención, advierte Estrada, es presentar una selecta colección de memorables y entrañables textos del autor en un solo volumen, y donde se redescubren las piezas literarias que permanecen en la memoria colectiva del lector, como las dedicadas al púgil Púas Olivares, al puerto de Acapulco y la capital chilanga y los personalísimos pasajes memoriosos. Selección de alta responsabilidad (cumplida) que proviene de la revisión de todo lo escrito por Garibay, entre su primer relato “La nueva amante” (1946) y las nueve misivas a su esposa, Cartas a Minerva, que el autor dejó inconclusas (1999), agobiado por “los estragos del cáncer y los agresivos medicamentos”.

Una empresa como la cumplida por Estrada (escritora, periodista, académica y editora) supone un decidido acompañamiento al autor. Que sumado a la tarea de buscar, estudiar, cotejar y rearmar la dispersa obra de Garibay, propicia además su entendimiento y ubicación en el canon de las letras mexicanas de la segunda mitad del siglo. En Ricardo Garibay. Antología, el primero de los libros que la editorial Cal y Arena dedicará a los “esenciales del XX”, su presentadora reivindica a un escritor de “espléndido oído literario”, “gran reproductor de la fonética del habla popular mexicana” y quien como José Martí (“tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos”), entendió que “si así se han dado los días, así ha de darse la literatura”. Los que a Garibay le tocó vivir; la que a Garibay le tocó pergeñar.