Crítica de libro: Relámpagos en octubre

La escritura de Ana Alonzo conmina a la introspección, a explorar sendas oníricas. ¿De qué están hechos los sueños?, se pregunta Bachelard.
"Por una vez octubre". Ana Alonzo. UACM. México, 2013.
"Por una vez octubre". Ana Alonzo. UACM. México, 2013. (Especial)

México

El zumbido de la lengua se traslada al silabear: el misterio del ser encerrado en signos del desdoblamiento. Ana Alonzo no mira a la poesía como un instrumento sino como una experiencia vital. “Enamorado del silencio, al poeta no le queda más remedio que hablar”, escribe Octavio Paz.

Sumergirse en las páginas de esta autora no es quedarse en la contemplación de la retórica o perderse entre figuras recurrentes que dejan al lector tal y como inició su peregrinaje; tampoco se engolosina con frases melodiosas o enumeraciones que algunos imaginan que es la poesía. A la inversa, la escritura de Ana Alonzo conmina a la introspección, a explorar sendas oníricas. ¿De qué están hechos los sueños?, se pregunta Bachelard. Ésta inquietud se enfatiza en su poética. Recurre a la poesía intimista, confesional, reveladora. Su lírica cae como si fuera una lluvia de verano pertinaz, en ocasiones contundente, con la esperanza de hacer germinar nuevos campos. “La memoria de un beso/ una vocal del verano/ en ascenso”, escribe en uno de sus poemas.

Mientras Mallarmé proclamaba la búsqueda del sentido de la tribu, a través de su poesía, Ana Alonzo aplica la dialéctica mallarmeliana, pero en vez de la tribu va en pos de su propia identidad. Una identidad impregnada de cantos, murmullos, zigzagueos, arrullos, relámpagos, llantos, desde un mar furioso hasta una gota límpida de rocío. Podría decirse que aquí abunda una Memoria del agua, como se titula un poemario de Juan Manuel Roca.

Y en esa búsqueda pertinaz, está la presencia de Gonzalo Rojas. No sólo es convocado en un poema que lleva su nombre sino a lo largo del libro.

Octubre tiene una evocación especial para Ana Alonzo. Es, en cierto modo, su relámpago: aquello que ilumina todo de golpe, le muestra el verdadero rostro de las sombras, lo efímero del tiempo, una desilusión que deriva en desasosiego. Octubre resplandece con una inolvidable luna, llevando consigo las tonalidades del verano y abrazando el otoño…acaso porque las hojas secas afirman su deseo de cambiar de eternidad.

En Por una vez octubre es posible encontrar frases sonoras que irrumpen con un referente cargado de intensidad, al igual que los recursos polifónicos y juegos lingüísticos que suele frecuentar, mismos que desempeñan una función emblemático-invocatoria. La travesía poética que propone no depende de las formas sino que las trasciende. La rima no restringe su voz. Es, precisamente, el verso libre el que le brinda la oportunidad la autora de entretenerse en la práctica de poemas que surgen a partir de la experiencia, los cuales tienen la encomienda de recuperar la esencia de las cosas, las ideas a priori.