Crítica de libro: Devórame otra vez

La escritura de González Suárez parece heredar de la literatura de la Onda el tono necesario para construir el hilo narrativo.
"Faustina". Mario González Suárez. ERA. México, 2013.
"Faustina". Mario González Suárez. ERA. México, 2013. (Especial)

Ciudad de México

La novela corta en México ha contado con grandes exponentes y no deja de ser reconfortante saber que aún goza de buena salud. Y es en este género literario en el cual Mario González Suárez (Ciudad de México, 1964) mejor se desempeña.

A quienes descubrieron en De la infancia a un prosista enigmático e inquietante, a un escritor que suelta piezas y no deja ninguna sin resolver, seguramente les interesará esta historia. Si De la infancia es el relato familiar contado por un adolescente llamado Francisco, en donde todo gira alrededor de la imagen paterna, en esta novela tiene su contraparte: ahora toca el turno de la figura materna, con su peculiar forma de demostrar amor, desamor y cierta dosis de chantaje a los suyos. A quien se le debe, por sobre todas cosas, adivinar el pensamiento.

Quien narra la historia es joven, pertenece a la comunidad de personas LGBT (lésbico, gay, bisexual, transexual) y se siente cómodo teniendo relaciones sexuales tanto con hombres y mujeres. Describe el núcleo familiar donde vive, las visitas ocasionales de su padre, y la vida un tanto desolada de su madre. Siempre le ha parecido un enigma la relación de ellos, cómo se conocieron, qué tuvieron en común y cómo pueden pasar una semana juntos sin ejercer su sexualidad. El padre reside y trabaja en Estados Unidos, mientras que ella está al pendiente de una vida social que se vuelve agitada en las fiestas de Navidad y Año Nuevo: no hay mucho dinero, sin embargo, sabe ingeniárselas para que alcance.

Otro lazo que une a la novela con De la infancia es la orfandad: a pesar de que se vive en familia, Fausti al igual que Francisco (protagonista de De la infancia) se siente sólo e incomprendido: fugitivo en un mundo tortuoso que lo arroja al abismo.

La escritura de González Suárez parece heredar de la literatura de la Onda el tono necesario para construir el hilo narrativo. A caballo entre la ficción y la crónica, la novela se desarrolla en zonas ubicadas en el norte y el oriente de la Ciudad de México, en un estrato social de pocos recursos económicos.

Carlos Carrera llevó a la pantalla grande la novela de González Suárez porque “contaba la infancia de todos los mexicanos”. Quizá cuando lea Faustina también le interese filmarla.

Hay referencias un tanto caprichosas al México prehispánico, como si los personajes no dejaran de recordar (a lo Carlos Fuentes en La región más transparente y Agua quemada) sus orígenes. Los sacrificios humanos de la época precolombina funcionan como una cantaleta o una metáfora de la cotidianeidad en las reuniones familiares, aderezadas con el chisme y la critica feroz, cuando devorarse los unos a los otros es también un banquete.