Crítica de libro: Amor en decadencia

Dentro de esta lectura encontrarás un romance lleno de contrastes y un malentendido que forma una relación más parecida a un amor jovial, entre dos adultos.
El malentendido. Irene Nemirovsky.  Ediciones Salamandra. Barcelona, 2013.
El malentendido. Irene Nemirovsky. Ediciones Salamandra. Barcelona, 2013. (Especial)

México

Irene Nemirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942) es una novelista que sigue convocando lectores. El rescate de sus obras ha sido toda una hazaña literaria que, desde hace una década, ha traído buenos resultados.

Si alguien piensa que se trata de una autora de best-sellers, se equivoca. En sus libros hay un sentido crítico, en esas escenas en donde todo parece ser un cuadro cercano al naturalismo, germina la semilla inquieta de la desolación; así expone la crítica social a la banalidad, a los desencuentros amorosos y a la idea de una religión que se sigue más por costumbre que por convicción.

Quien se asome a los libros de Nemirovsky encontrará a una autora reveladora. Comenzó a escribir siendo muy joven, impulsada por sus lecturas de Huysmans, Oscar Wilde, Maupassant y el pensamiento de Platón. El método de escritura que suele usar es del de Turgueniev, de quien asimila la técnica de documentación paralela o previa a la escritura de la novela.

El malentendido es una pieza fundamental en su obra por tratarse de su opera prima. Se publicó en la revista Les Oeuvres Libres, en 1926, y se editó en forma de libro en 1930. Yves y Denise se conocen durante unas vacaciones en Hendaya, la costa vasca. Ella está casada con Jacques y tienen una hija llamada Francette. Entre Yves y Denise surge un romance, una relación que a todas luces está saturada de diferencias irreconciliables, pero que ambos se niegan a ver. Estos contrastes hacen que se forje un malentendido, un tipo de relación más cercana al amor de juventud que al de dos adultos que se aman, sin importar que ella tiene una vida y una posición cómoda en la sociedad francesa del siglo XX.

La prosa inquietante que vierte en sus novelas sorprende por su ironía y visión moderna, crítica, tanto del mundo como las relaciones familiares en decadencia.

Tras esta primera historia, Nemirovsky siguió explorando distintos matices narrativos. Sin embargo, cuando al fin logró formar un hogar, fue exiliada a Auschwitz donde murió en 1942. Meses después de lo ocurrido, su compañero y padre de sus hijas, Michel Epstein, también fue asesinado por los nazis. A sus hijas les dejó una maleta con textos inéditos, los cuales se han publicado poco a poco.

Acaso la narradora asimiló de Genet que el oficio de escritor es como cualquier otro, no hay halos ni auras sobre sus nucas que los hagan ser venerados por los demás. Tomando en cuenta el agudo sentido crítico de esta autora, en estas páginas es posible hallar lo que Jean-Paul Sartre decía que era la misión de un escritor: "Devolverle a la sociedad lo que ya ha perdido".