Crítica a intersticios: La corrección de la risa

El humor es una manera distinta de atraer atención sobre ciertos aspectos horribles de la existencia, y al abordarlos con un poco de ligereza puede ncluso hacerlos más llevaderos.
Oponer la transgresión de la risa.
Oponer la transgresión de la risa. (Blog de Alberto Montt)

México

Uno de los efectos más nocivos del imperio de lo políticamente correcto es que en la práctica sirve para no pensar. Al cuadricular la realidad y dividirla entre lo deseable y lo indeseable, otorga una especie de pase directo hacia la buena conciencia, aquella que pretende siempre situarse del lado adecuado de todo fenómeno, problema o causa. El rasgo esencial es el molde mental con el que se encasilla la realidad, y lo de menos es el líquido con el que se rellena cada vez, pues en el fondo es siempre lo mismo. Más aún, la victimización perpetua de individuos o grupos termina por resultar más humillante, pues al querer nombrar con eufemismos ciertas características, lo único que se consigue es volverlas más evidentes. El hecho de decir que un discapacitado tiene capacidades diferentes, o que un anciano se encuentra en la edad de la plenitud, no alivian en lo más mínimo las dificultades que enfrentan en ambos casos, y la condescendencia de pretender lo contrario tan solo revela una cierta hipocresía culposa. ¿O es que alguien cambiaría las capacidades que consideramos normales para adquirir las diferentes? ¿Aceleraría alguien más el proceso de envejecimiento para precipitarse de la juventud hacia la edad de la plenitud?

Hace unos días el humorista chileno Alberto Montt contaba el caso de un colega suyo argentino, que después de publicar una viñeta extremadamente cruel sobre el Holocausto recibió más de 200 amenazas de muerte. Al parecer, había cruzado una raya inadmisible, al grado de que mucha gente sentía el impulso de hacerle pagar con la vida por su insolencia. Montt explicaba que él, por el contrario, considera que hay que hacer chistes sobre cualquier situación, pues el humor es una manera distinta de atraer atención sobre ciertos aspectos horribles de la existencia, y al abordarlos con un poco de ligereza puede incluso hacerlos más llevaderos. Contaba, por ejemplo, de un cartón que hizo sobre el cáncer cuando su hermana luchaba contra la enfermedad, que se volvió muy popular entre los médicos y entre los propios pacientes cancerosos, pues al poderse burlar ellos mismos de su padecimiento encontraban al menos el consuelo de la risa. Así que frente a la solemnidad rígida de lo políticamente correcto podemos oponer la transgresión de la risa, que al colarse incluso por las grietas más escabrosas de la experiencia humana las despoja del aire compungido que a menudo termina siendo la propia razón de existir de aquellos que solo encuentran placer en la ofensa y victimización perpetuas.