Critica de cine: Una aventura surrealista

Las primeras tomas son magníficas: dos de los personajes principales ya tomaron la decisión de salir de la peor condición del mundo: la pobreza.
Retrato casi documental.
Retrato casi documental. (Especial)

México

La jaula de oro es una película de nuestro tiempo: sus autores, guionistas y realizador supieron retratar con emoción uno de los viajes que hacen los centroamericanos para alcanzar una gota de felicidad, lo que convierte su viaje en una odisea surrealista con tintes de aventura salgariana.

Pase lo que pase hay que seguir adelante, no importa quién se quede en el camino; lo importante es llegar. Durante toda la película los personajes avanzan, pero da la impresión de que no llegan a ningún lado: parece la queja de Ulises, o como en la película Los guerreros, de Walter Hill, el que llegue, a pesar de todo, se convierte en héroe. ¿Héroe? En Homero y Hill sí, pero en esta coproducción hispanomexicana el héroe resulta pírrico: después de la carnicería, ¿valió la pena el viaje? ¿La muerte de Chauk? ¿La pérdida del amor? Al final, cuando Juan emerge de la oscuridad entre un lapidario escenario de nieve tan frío como el dinero —una acertadísima metáfora del realizador— no está contento con el american way of life, porque se da cuenta de que es una patraña que huele a putrefacción y a cadáver.

El inicio de la película es espeluznante: el erizamiento del pelo tiene que ver —y lo digo con una humilde sonrisa que peca de soberbia— con el siempre vilipendiado ABC de la dramaturgia cinematográfica. Las primeras tomas son magníficas: dos de los personajes principales ya tomaron la decisión de salir de la peor condición del mundo: la pobreza. Nunca es necesario decir una palabra, la imagen es contundente: la manera de caminar de Juan, una cámara en mano siguiéndolo para resaltar la expresión de sus ojos, en paralelo con la secuencia de Sara entrando a un baño de damas destartalado donde se corta el pelo, se unce el pecho para que no se le note y se convierta en un chico, nos da la clara impresión de que la historia empezó desde antes que se apagaran las luces del cine. Esto se lo agradezco a los autores.

No podemos soslayar que La jaula de oro es no solo un retrato casi documental de un viaje que hacen cientos de miles de centroamericanos por nuestro país hacia Estados Unidos con la intención de mejorar sus vidas, sino también una película de aventuras, con buenos, malos, amores interrumpidos, celos, amistades imposibles de traicionar, como si estuviéramos leyendo una novela de Emilio Salgari.

La película es surrealista, pero también de aventuras; la vida, la realidad omnipresente, la que vemos todos los días, no podemos negarla, es una aventura surrealista.

‘La jaula de oro’ (México y España, 2013), dirigida por Diego Quemada-Diez, con Brandon López y Rodolfo Domínguez.