Crítica de cine: Gayola, el paraíso /y II

Lo que hace inolvidable a un personaje como Garance es que se vuelve perversa contra sí misma.
Infantes del Paraíso
¿Quiénes son los perversos y depravados? (Especial)

México

En la primera parte de la película, Garance no se entrega a Baptiste porque espera que él tome la iniciativa; si no lo hace es por una timidez enferma, que revela y padece el síndrome del amor excesivo: “Te amo tanto, que no sé cómo demostrártelo”.

Lo que hace inolvidable a un personaje como Garance es que se vuelve perversa contra sí misma; aunque acepta estar conmovida por el amor de Baptiste —por eso es al único hombre que vemos que besa en la boca—, es una mujer que, sin ser delincuente, se lleva de pellizco y nalgada con Lacenaire, un dramaturgo frustrado, jefe de una banda de ladrones y “un poco asesino” —así se autodenomina, refiriéndose a que es capaz de matar—, cuyo orgullo masculino no le permite rebajarse ante ese indigno sentimiento llamado amor. Eso le da a Garance la seguridad de pasarse un buen rato con alguien sin peligro de caer en la tentación.

La autoperversión de Garance se vuelve tan elocuente como el amor excesivo de Baptiste: a ella no le asusta la bellaquería de Lacenaire, y acepta el sexo con Frederick de buena gana para después convertirlo en un amigo; mantiene relaciones afectuosas con el conde Eduardo, que está enamoradísimo de ella porque solo le importa lograr una alta posición social; pero, en el colmo de la autoflagelación, la hermosa mujer va todas las noches a ver, desde un palco privado, en calidad de incógnita, el espectáculo de Baptiste.

Los personajes se regodean en su afán desmedido, en el goce de su propia depravación; pero no debemos olvidar que esos seres humanos, bien retratados en la película, son los hijos de sus autores, del guionista y del realizador. No es casualidad que desde el principio de la historia se establezca que Natalia está enamorada de Baptiste y que incluso tengan un hijo al que llaman con el mismo nombre, pero en realidad el excelente mimo solo piensa en Garance. Eso es estructura dramática pura y construcción de personaje: entonces ¿quiénes son los perversos y depravados?

¿Qué sucede a Baptiste cuando el amor se le hace realidad? Lo abandona todo: teatro, esposa e hijo para perderse en la multitud que, en dramático contrapunto, festeja el carnaval.

Los infantes del paraíso pertenece a ese lugar llamado gayola, aunque la veamos desde una cómoda butaca de la Cineteca Nacional; nos damos cuenta de que este drama es del mundo, que es mío y de usted también, porque todos somos víctimas de nuestras propias perversiones y depravaciones, sobre todo cuando estamos sumergidos en la imposibilidad de amar.

Los infantes del paraíso (Francia, 1945), dirigida por Marcel Carné, con Arletty y Jean-Louis Berrault.


Los infantes del paraíso