Crítica de cine: Falso Suspenso /I

El desarrollo de la película, en cuanto a la dramaturgia, da la sensación de ser ad líbitum, es decir, sin reglas, sin actos dramáticos, sin género.
El autor ama a sus personajes.
El autor ama a sus personajes. (Especial)

México

En el lenguaje cinematográfico, los lineamientos dramáticos pueden ser muy elásticos, sobre todo cuando la propuesta audiovisual proviene de una sociedad desarrollada que está profundamente interesada en la vida y en el arte; todo lo que se diga sobre los conflictos del personaje, los puntos de inflexión y estructuras a los que debe ceñirse una película carecen de valor frente a la fascinación por experimentar para encontrar formas narrativas distintas.

Paraíso: esperanza, de Ulrich Seidl, es un claro ejemplo de cómo se toma una posición personal frente a una serie de acontecimientos que rodean a la gordura y su tratamiento; al amor, al deseo y al rechazo en un campamento que podría establecerse como el gran microcosmos de una sociedad enferma que esta bofa y que carece de sentido.

Desde la primera toma vemos que hay un conflicto, exactamente como dictan los cánones de la dramaturgia: Melanie, de 13 años, el personaje principal, exhibe su gordura con desparpajo sentada en un sillón; ve televisión y come chocolates, mejor no podría ser. Acto seguido, vemos que la madre la lleva a un campamento que se dedica a ayudar a los jóvenes a bajar de peso.

En la primera secuencia del campamento conocemos al entrenador, un hombre que parece celador y amenaza a las chicas y chicos advirtiéndoles que la única forma de bajar de peso es con disciplina, y espera que ninguno de ellos quiera verlo enojado. El autor nos hace tenerle miedo y nos pone a la expectativa de lo que va a hacer cuando descubra a las chicas que entran subrepticiamente a la cocina para robarse toda clase de alimentos, pues no les gusta la dieta que llevan; más adelante nos damos cuenta de que el autor ha creado un falso suspenso, porque nunca sucede nada con el entrenador.

El desarrollo de la película, en cuanto a la dramaturgia, da la sensación de ser ad líbitum, es decir, sin reglas, sin actos dramáticos, sin género; sin embargo, estamos inmersos en la historia. ¿Cómo lo ha logrado? Siento que la clave es que el autor ama a sus personajes, que los defiende a toda costa, y por eso pensamos que algo malo va a suceder cuando las chicas huyen del campamento para emborracharse o con la relación amor y deseo entre Melanie y el doctor; sucede igual que con el entrenador: nada, otra vez falso suspenso.

No puedo decir que Paraíso: esperanza sea una obra maestra, pero posee, con todo y su ritmo lento, la fascinación de involucrarnos en la vida personal e íntima de una chica que, aunque gorda, es adorable.

Paraíso: esperanza (Austria, Francia, Alemania, 2013), dirigida por Ulrich Seidel, con Melanie Lenz y Joseph Lorenz.