Crítica de cine: La felicidad de la creación

Lanzar a volar la imaginación.
Lanzar a volar la imaginación. (Especial)

La cámara muestra la panorámica de una ciudad, los edificios tienen las ventanas cerradas; entonces la cámara busca y encuentra una ventana medio abierta para introducirse por un hueco y enterarnos de una historia. Nos queda claro que atrás
de cada ventana hay algo que contar, porque todos somos historia; el azar nos permite ser testigos de un drama que conduce a otro. Este es el principio de Psicosis, de Alfred Hitchckock.

Este maravilloso principio es prácticamente la base en la que se sostiene la espléndida película En la casa, de François Ozon: el azar es el que dicta el desarrollo de los acontecimientos, el que nutre la imaginación.

A nosotros como espectadores nos sucede lo mismo que al profesor de literatura y a su esposa: estamos intrigados, pues a partir de un simple ejercicio literario, Claude, un joven abandonado por su madre y a cargo de un padre paralítico, se va introduciendo en la intimidad de la familia de su mejor amigo, para crear una historia e imaginar que termina enamorado de la mamá.

Ozon nos hace partícipes de un acto de voyeurismo encantador —el voyeurismo de Norman nos produce el mismo efecto, pero en el terror—, Claude se introduce en la noche a la habitación de los padres de su mejor amigo para tocar los pies de la mamá y luego los ve hacer el amor. Es el juego de la imaginación y la realidad, de la materia prima y de la creación, que es la constante de todo artista. En esa obsesión por escribir bien y sacar buenas calificaciones, Claude se introduce en la habitación de los padres y esculca, pero la madre llega en ese momento y Claude se tiene que esconder...

La estructura dramática de En la casa es un juego entre la ficción y la realidad, unidos por la magia del montaje y de la puesta en imagen cinematográficas, y trata asuntos universales como la amistad, el deseo, el amor y la lealtad. Los personajes no solo están inmersos en la felicidad que da la creación, donde la imaginación hace de los seres humanos cualquier cosa que se permita, y son el resultado de un “dios” que conoce las formas narrativas que sabe muy bien a dónde se dirige y lo que va a sentir el espectador.

La última toma de este espectáculo narrativo rebasa la idea hitchcockiana: el autor quita la pared de un edificio para permitir ver lo que sucede en cada uno de los departamentos, y ahí está un mosaico de posibilidades —¡usted escoge!—: desde un crimen hasta un momento amoroso sin igual. Maestro y alumno lanzan a volar la imaginación: es su momento de feliz creatividad.

En la casa (Francia, 2012), dirigida por François Ozon, con Fabrice Luchini y Ernest Umhauer.