Crítica de cine: FALSO SUSPENSO /Y II

Cuando se tiene una propuesta cuyo contenido nos involucra a todos, el falso suspenso puede adquirir otra dimensión, y eso se debe esencialmente a que hay una reflexión.
Da la espalda a la dizque “academia”.
Da la espalda a la dizque “academia”. (Especial)

México

Muchos cineastas y dramaturgos consideran que el falso suspenso no conduce a nada, que es una broma de mal gusto y los espectadores suelen sentirse molestos porque piensan que se les ha tomado el pelo.

En una película cuya estructura dramática está sujeta a no contar nada y se convierte en un burdo recurso para intentar un interés que no conduce a ninguna parte, tiene sentido la decepción, pero cuando se tiene una propuesta cuyo contenido nos involucra a todos, el falso suspenso puede adquirir otra dimensión, y eso se debe esencialmente a que hay una reflexión: la obesidad es un asunto de salud pública, un fardo que cargan las sociedades que se preocupan por el bienestar del pueblo.

Los acontecimientos cinematográficos que se estructuran como experimento dramático, dentro de una sociedad desarrollada, se convierten en una alternativa que crea interés: ¿es posible curar la gordura como si se estuviera en un campo de concentración? Entonces los personajes se vuelven una metáfora de la que se vale la historia para mover el pensamiento, sobre todo cuando el receptor está estático, es decir, obeso como Melanie en la primera imagen de la película.

La estructura de una coproducción como esta debe trabajarse desde el pensamiento, desde la manera en que nos comportamos en la realidad inmediata; ahí está la forma de cómo fabricar un conflicto que nos involucre sin que sea documental y esté de por medio la utilización de un recurso como el falso suspenso, pero sin caer en el típico melodrama o en la típica comedia, donde el personaje termina suicidándose para ser la aburrida tragedia de siempre.

Paraíso: esperanza no me parece una gran película, pero merece un aplauso por intentar una composición cinematográfica diferente, no solo con el buen afán de no ser nominado a los grandes premios de los principales festivales del mundo, sino porque mueve a los espectadores a la reflexión, dándole sentido de responsabilidad a lo que significa la libertad de comer desde la primera infancia. Y porque es capaz de darle la espalda a los cánones de la dizque “academia” y a la aburrida manera de las reglas sydfieldianas que nunca funcionan en las obras maestras ni en las no tan maestras.

El falso suspenso puede ser un ardid como el caballo de Troya, recurso que Hitchcock usó en muchas de sus películas; debemos aprender a usarlo sin caer en la imitación o como recurso fácil. Para saberlo manejar, no olvidemos que lo primero es saber qué queremos decir y después cómo lo vamos a decir.

Paraíso: esperanza (Austria, Francia, Alemania), dirigida por Ulrich Seidel, con Melanie Lenz y Joseph Lorenz.