Crítica de artes visuales: La difícil desobediencia

Jesusa Rodríguez exhorta a su audiencia a la desobediencia civil a través de su sátira política llamada, Lotería de la memoria.
La Bala Damiana Cactaceae.
La Bala Damiana Cactaceae. (Luz María Carmona)

México

Si de acuerdo con uno de los mitos más productivos de Occidente, nacieron juntos el teatro y la democracia, ¿por qué en México, con su club de machos propietarios subidos, al igual que en Atenas, sobre sus carros tirados por esclavos, no puede darse otro parto gemelar: el de una teatrocracia capaz de redimirnos, esta vez, de aquella violencia?

Esta pregunta pareciera haber regido a la 1ª Muestra Nacional de Performance, finalizada la semana pasada en el Ex Teresa Arte Actual. Así se colige del programa y más aún del formato, con su animada interacción entre público y artistas.

Antes de empezar, se exhortaba a los asistentes a participar, no con sus cámaras y celulares, sino con su cuerpo y su sensibilidad. Es la audiencia —se advertía— un grupo privilegiado, en tanto que las personas que más necesitan estar aquí no pueden hacerlo, excluidas por las barreras de clase, por la privación educativa...

Si solo lo efímero tiene un valor duradero, ¿cómo interpreta esta aporía el performancero? Lo cierto es que desearía ver lo efímero suyo vuelto efeméride.

Así lo reconoció Jesusa Rodríguez tras su sátira política titulada Lotería de la memoria: sucesión interminable de payasos siniestros que, atendidos a paso marcial por la china poblana del mole Doña María, van travistiéndose de presidentes del país. Manifiesta Rodríguez su esperanza de que el performance constituya un laboratorio de desobediencia civil, capaz de generar entre artistas y público una semilla de resistencia tan fecunda como lo fue la Marcha de la Sal impulsada por Gandhi.

Por su parte, La Bala Damiana nos brindó, desde el círculo volátil de su intimidad, su rotunda danza de Ganesha cardenche olorosa a carne asada. Frente a la interpelación por parte del público respecto de lo “contemplativo” que resultó su conato de ágape, respondió: “Y ustedes, ¿por qué no se paran, por qué no bailan? Ya sé que elaboraron información, pero solo a cierto nivel. Como que somos muy obedientes y la desobediencia es algo muy difícil”.

Más nebulosa fue la propuesta “posdisciplinaria” de Lechedevirgen Trimegisto, dedicada al Niño Fidencio y por el Niño protegida. Tras pulcra venipunción en ambos brazos, regó el artista la tierra con su sangre, haciendo votos porque cambiemos la actual “violencia caníbal” por “nuestras raíces primigenias” (al parecer, ni caníbales ni violentas...).

A Conaculta esto de la desobediencia civil le tiene sin cuidado. Pero Conaculta puede equivocarse.