Crítica: Cine hipermoderno

Las contradicciones son propias en todos los géneros, y en la película de René Clair resultan un agasajo que trastoca los elementos de la realidad.
Recreación de los bajos fondos parisinos.
Recreación de los bajos fondos parisinos. (Especial)

Jorge Gallardo de la Peña

El filme de René Clair me parece sorprendente por dos razones: primero, la historia se cuenta de manera brillante a través de la imagen, y el sonido apenas es un adorno, un mero pretexto para que la gente cante y baile. Si los acontecimientos dramáticos de la historia están resueltos de una forma puramente visual y la película se sostiene sin largas conversaciones —gran parte de ellas no las escuchamos porque a los personajes los vemos a través del cristal de un bar, porque está encendido un tocadiscos o porque hay una riña—, no podemos dejar de mencionar que Clair creó una atmósfera de suspenso con el paso de un tren, pero no por la humareda de la locomotora sino por sus chirridos y el paso de sus vagones, lo que fue una novedad en 1930.

Segundo: si la película es grata por la fluidez de su lenguaje cinematográfico, es más sorprendente aún ver cómo está construido el guión, también de Clair, pues se desarrolla basándose en continuas contradicciones que le da a esta comedia un fuerte grado de modernidad.

Pola, la joven rumana, parece enamorada de Bill, jefe de una banda de ladrones; pero solo le basta una conversación con Albert, cantante callejero romántico, para cambiar de opinión. Pero termina enamorándose de Luis, un hombre de ideas realistas y amigo de Albert.

Las contradicciones son propias en todos los géneros, y en la película de René Clair resultan un agasajo que trastoca los elementos de la realidad; solo basta mencionar la actitud sorprendida del viejo que es testigo de los amigos abrazándose, para que en menos de un instante estén a punto de matarse.

Así, Bajo los techos de París es una recreación romántica de los bajos fondos parisinos, donde los artistas conviven con los carteristas en una armonía surreal.

Muchos de los recursos usados por Clair ya se hicieron viejos y ahora resultan hasta ingenuos, pero lo que sigue siendo hipermoderno por su contenido es el retrato de los suburbios, de los vendedores ambulantes, de los oficios humildes, de los hoteles de paso, de las cantinas de barrio, que es lo que otorga a la película el ambiente de realismo.

René Clair fue un cineasta que destrozó los lineamientos de las fórmulas, pues para él no existen las reglas que dictan los “cuadrados”; su cine siempre se expresó con absoluta libertad, porque mientras París duerme, El silencio es oro.

Un agradecimiento a la Cineteca Nacional por proyectar, en 16 mm, una excelente copia de la primera película sonora de largometraje del cine francés y del gran cineasta René Clair.

Bajo los techos de París (Francia, 1930), dirigida por René Clair, con Albert Préjean y Pola Illéry.