“Todos los hipsters van a desaparecer”

Ricardo Garza Lau, autor de Hipsteria, indicó que se trata de una cultura suburbana que tiene un ingrediente básico: el uso de la tecnología para generar comunidad.

Monterrey

Para representar una estampa actual de la vida de muchos jóvenes clasemedieros en México habría que darse una vuelta por barrios como la Condesa y la Roma, sectores completamente hipsters.

Pero para narrar este tiempo el escritor Ricardo Garza Lau lleva el lenguaje de las redes sociales como Whatsapp, Facebook o Twitter en su primera novela Hipsteria (Planeta).

En entrevista con MILENIO Monterrey el escritor y periodista web habla sobre el proyecto, donde buscó hacer una crónica de una subcultura muy particular: los hipsters.

Su protagonista Sal Thompson es tan hipster que niega su condición, aunque sólo bebe mezcal o cervezas artesanales, compra muebles vintage y conoce a la gente más "por su teléfono que cara a cara".

1. El lenguaje en redes sociales evoluciona rápidamente ¿Cómo adaptarlo y escribir una novela bajo este estilo?

Mi intención era hacer una crónica generacional a partir de una subcultura muy particular, así que me pareció honesto escribirla mezclando a un narrador omnisciente describiendo en tercera persona a Sal Thompson, con las interacciones típicas de éste, es decir, a través de conversaciones de Whatsapp o de sus entradas en un blog. Alguien como él, publicista digital, interactúa más tiempo con otras personas a través de su teléfono que cara a cara. Hay más consecuencias por lo que hace en internet que en la vida real. Obviamente la evolución de este lenguaje, de las apps que se usan, de la tecnología, cambia muy rápido, pero me atrajo la idea de dejar una fotografía del momento. Seguro en diez años leeremos Hipsteria y recordaremos con nostalgia o humor a Instagram o a Whatsapp, como lo hacemos ahora con Latinchat o Altavista.

2. El ser hipster puede volver locos incluso a los propios hipsters ¿de dónde Hipsteria?

Justo esa es la idea central de la novela: el personaje comienza a enloquecer porque su anhelo más básico es ser reconocido, aceptado, aplaudido (tanto en la vida real como en la virtual), y para lograrlo construye un personaje de sí mismo difícilmente de sostener, porque lo atormenta saber que no toda su vida fue "cool". Lo atormenta venir de una familia tradicional, haber vivido fuera de Ciudad Capital, tener una hermana que se embarazó accidentalmente, entre otros.

Si la pregunta es con relación al título, la verdad es que ya había avanzado a más de la mitad de la novela cuando el editor me lo propuso. Yo quería pensar en eso hasta el final, pero en el momento que me lo dijo me pareció excelente.

3. ¿Con cuántos Sal Thompson, tu personaje central en la novela, te puedes topar en un día? Es decir ¿ya existe un estereotipo del hipster?

Depende la zona de la ciudad en que andes, si estás en la colonia Roma es probable que te topes con muchos. No creo que haya un estereotipo de hipster porque nadie se asume como tal. En la novela, de hecho, la palabra hipster sólo aparece una vez, y el protagonista, Sal Thompson, dice que él no lo es y que le cagan los hipsters. Nadie se asume como hipster porque es un término peyorativo. Para algunos es hipster escuchar a bandas raras, para otros usar barba larga, para otros ropa de colores chillantes, para otros ser vegano... Mi intención con Hipsteria era que nos diéramos cuenta que quienes nacimos por ahí de los años 80 en una familia clasemediera urbana tenemos aunque sea un poquito de este ambiguo término llamada "hipsterismo". Y no en asuntos medio banales como la moda o los tatuajes, sino en, por ejemplo, el desaforado amor por una mascota, o el bajo compromiso con la política del país, o la búsqueda de reconocimiento instantáneo, o la frustración por el poco tiempo que dura la adolescencia y la necesidad de prolongarla hasta el límite.

4. Además del "Hipsters. Un manual ilustrado" ¿sabes de otros proyectos editoriales que ya los incluya?

En México, no. El libro de Pinto que salió el año pasado fue el primero en abordar el tema, desde un punto de vista de monero, es decir, humorístico. Es una manera muy divertida de hacerlo. El mío, hasta donde sé, es el primero en México que lo aborda desde la narrativa.

5. ¿Crees que los hipsters sea una tribu urbana, una moda o siempre estuvieron ahí?

Creo que es una subcultura en expansión, y se extiende porque está basada en el coolness por encima de todo, en el ser el más creativo, el más raro, el más admirado... y tiene un ingrediente básico: el uso de la tecnología para generar comunidad, para reforzar estereotipos y para generar una manera similar de pensamiento (aunque éste está plagado de contradicciones). Creo que como todas las subculturas tenderá a desaparecer con el paso de los años.

6. ¿Qué pensaría Sal Thompson ahora que le restrinjan el uso de internet con la posible aprobación de la Ley Federal de Telecomunicaciones?

Estaría muy indignado. Crearía alguna estrategia digital para burlarse del presidente y los funcionarios que la apoyan. Los atacaría virtualmente. Trataría de hacer un resumen de la ley de fácil lectura para que sus seguidores en Twitter la comprendieran y apoyaran su manera de pensar. Pero después de que la aprobaran seguramente se olvidaría del tema y se pondría a beber mezcal o cerveza artesanal, o a buscar muebles antiguos para restaurarlos.

7. Por ahí leí que tienes algo de bullying por tu novela ¿tienes otro proyecto a futuro, te interesa seguir escribiendo libros?

Sí, me han bulleado un poco, pero sólo quienes no la han leído. Me parece normal que para quienes escriben sobre narcotráfico, violadores, secuestradores u otras realidades atroces de nuestro país sea un tema indigno de abordar. Creo que tienen la idea previa de que será un libro sobre superficialidades, cuando en realidad es una parodia sobre el vacío de una generación. A quienes ven el pastel y no se les antoja los invito a probarlo, y, una vez que se lo terminen, vomitarlo, pero antes no.

Me fascinó la experiencia de escribir una novela. Fue mucho más demandante de lo que esperé. Prácticamente diez meses me encerré en todo mi tiempo libre para lograr esto, pero estoy contento. Por estos días estoy empezando a escribir otro proyecto: la historia de mis abuelos. Fueron niños y adolescentes en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, migraron a EU, luego a México. Mi abuelo fue misionero, botánico, y al final terminó exiliado en la selva de Belice. Tengo entrevistas y testimonios y mi idea es novelar una vida que parece tan ajena a la actual.