Crea mexicano motor espacial más pequeño del universo

El catedrático del MIT dice que el invento servirá para “democratizar” la tecnología espacial; el artefacto funciona con el principio de capilaridad.
Paulo Lozano Tovar, durante su participación en la Ciudad de las Ideas.
Paulo Lozano Tovar, durante su participación en la Ciudad de las Ideas. (Gabriel Bolio)

Puebla

Paulo Lozano Tovar, físico egresado del Tecnológico de Monterrey y académico del Massachusetts Institute of Technology (MIT), afirma haber inventado el motor espacial iónico “más pequeño del universo”, con el que pretende que la exploración del cosmos y la tecnología satelital sean más accesibles para todas las naciones.

Al presentar su logro en la Ciudad de las Ideas, el evento poblano que por séptimo año trae a México a 70 de las mentes más brillantes del mundo, el científico afirmó que lo importante de su labor es lograr “la democratización del espacio, me refiero a darle acceso a personas que antes no lo tenían al uso y a la exploración, porque las cosas que hacemos hoy son muy restringidas”.

Enamorarse de un problema

Una manera de lograr esa democratización, aseguró, “es hacer satélites que quepan en la palma de la mano, los famosos Q-Sats (satélites cúbicos)”, comentó.

“Quizá el mejor maestro que tuve fue uno que me dijo algún día: ‘Tienes que enamorarte de un problema’… Al descubrir uno que cautive tu atención de una manera tan sólida, cuando tratas de solucionarlo, te vas a encontrar con más problemas y así desarrollas tu vida profesional”, dijo.

Lozano Tovar encontró ese romance en la exploración espacial: “Los satélites pequeños tienen ese gran problema, que su tamaño diminuto no les permite hacer lo mismo que hacen los grandes. Aquí debemos aprender una lección de las grandes computadoras de los 60, eran cuartos enteros con un poder de cómputo como el de un smartphone”.

Así como la miniaturización hizo accesible la informática, el experto pensó que lo mismo puede pasar con la exploración. “Los satélites pequeños pueden revolucionar el uso del espacio, pero no queremos simplemente un sistema diseñado por estudiantes, los queremos para sustituir a las naves tan caras y grandes que hoy empleamos”, destacó.

La sonda Dawn, ejemplificó, tiene un motor que le permite  visitar dos asteroides,  pero es muy caro”, explicó.

 “Si quisiéramos poner ese motor en un satélite pequeño no podríamos, porque es 20 veces más grande. La pregunta era, ¿lo podemos miniaturizar?, porque la física que controla la operación de éstos no lo permitía”, comentó.

Un motor iónico, explicó, es una caja que genera y acelera carga eléctrica. Lozano Tovar descubrió en su laboratorio, después de una década de trabajo, ese proceso —llamado fuente de emisión de iones por líquidos iónicos— a una escala muy pequeña.

 “¿Lo podremos convertir en un motor?”, se preguntó. “Como ingenieros muchas veces no basta solo con diseñar, podemos voltear la naturaleza, ver cómo funciona y emular de ella los mejores procedimientos”, opinó.

Copiarle a la naturaleza

Se inspiró en el sistema de alimentación de un árbol, que absorbe con las raíces el agua, que sube por capilaridad hasta las hojas y al evaporarse ahí, la vaporación es la fuente que fuerza el agua en el circuito natural.

En ese proceso encontró la solución: “Nosotros también queríamos evaporar algo, no agua, sino iones para acelerarlos a miles de kilómetros por segundo. Entonces creamos un motor que es como un árbol en miniatura. El propulsante (líquido iónico como combustible) está inmerso en una cavidad porosa y sube por capilaridad para evaporar esos iones como en el proceso que descubrimos hace 10 años”.

Usando las mismas técnicas que se emplean para fabricar microchips, elaboró el motor iónico “más pequeño que existe en el universo”; mide apenas dos centímetros cúbicos (cm3), incluido el tanque de combustible, y es ideal para usarlo como sistema de propulsión de un satélite pequeño de 10 cm3).

Al preguntarle cuánto faltaba para aplicar su tecnología y si la NASA ya tenía contemplada una misión, dijo: “No puedo compartirte información de la misión, pero sí te puedo decir que en marzo de 2015 vamos a lanzar dos satélites pequeños con ese motor para probarlo”.

Otra ventaja es que tiene una vida de 500 horas de uso continuo y al agotarse su carga puede dirigir el aparato a la atmósfera para desintegrarlo. Por ello, si se sustituyen los satélites grandes por los Q-Sat con el invento mexicano se puede dejar de producir basura espacial en la órbita del planeta.

100 mil dólares por cambiar el mundo

Por tercer año consecutivo el Premio Gifted Citizen, que otorga el festival la Ciudad de las Ideas (CDI), en asociación con la Singularity University y el financiamiento de Comex, dará 100 mil dólares a un proyecto ciudadano que pueda mejorar la vida de millones de personas.

Para la tercera edición del galardón se recibieron más de mil 300 iniciativas de 63 países. El jueves los 20 finalistas de países como Rusia, India, Reino Unido, Chile, EU y México viajaron a Puebla para recibir el reconocimiento, cuyo ganador será revelado hoy en el evento que este año tiene como lema Change the World.

Sion Shamosh, ejecutivo de la empresa que financia el galarón, dijo: “Es un premio en el que creemos desde hace más de tres años como un excelente medio para cambiar y mejorar la vida de millones de personas en nuestro planeta”.

Para elegir al ganador, se toma en cuenta un cuestionario en el que se explica el problema que se quiere solucionar, los resultados del proyecto hasta el momento y la capacidad que tiene para mejorar la vida de por lo menos 10 millones de personas en un sexenio.

“Nuestra intención es impulsar esa gran idea y que pueda convertirse en algo tangible”, concluyó Shamosh.