Cortocircuito, causa de muerte del hombre con corazón artificial

El cirujano a cargo de la operación dice que “el ensayo fue un éxito” y que  gracias a ese paciente mejorarán la preparación de nuevas implantaciones.

Paírs

El primer paciente al que se implantó un corazón artificial permanente el 20 de diciembre de 2013, en París, murió porque “hubo un cortocircuito. Eso produjo un paro cardíaco idéntico al que puede presentar un corazón natural patológico”, explicó Alain Carpentier, médico que dirigió la cirugía.

El corazón artificial con tejidos biológicos “se detuvo bruscamente” el 2 de marzo, 74 días después de ser implantado a Claude Dany, de 76 años, que había permanecido en el anonimato y que su familia decidió después de su muerte dar a conocer su identidad en una entrevista publicada ayer por el periódico Le Journal du Dimanche.

El doctor Carpentier señaló que se están investigando las causas por las que no funcionaron los mecanismos de seguridad previstos para ese tipo de problemas eléctricos, e insistió en que “la muerte no está vinculada a una complicación del enfermo ni al principio fundamental de esta prótesis que utiliza materiales biocompatibles para limitar el riesgo de trombosis.

“Durante 74 días el paciente no mostró alguna deficiencia cerebral y la verificación del corazón tras la muerte y la autopsia lo han confirmado” ya que “no había el menor trombo” de forma que “el ensayo fue un éxito”, aseguró.

Eric, uno de los hijos de Dany, contó que su padre llevaba enfermo del corazón una decena de años, que se había descartado la implantación de un órgano de otra persona por su edad, y que al no haber alternativas se le habló de la posibilidad de implantarle el órgano artificial desarrollado por la compañía francesa Carmat.

Añadió que lo que convenció a su padre fue que el médico de Carmat le dijo que con el tiempo podría caminar con una batería para el corazón colgada del cinturón.

Aprendizaje

El investigador hizo hincapié en que esta experiencia ha permitido sacar una serie de lecciones, como que más allá del propio corazón, hay que vigilar todos los órganos, ya que “el paciente tuvo, por ejemplo, úlceras de estrés inesperadas”.

De forma que el próximo trasplantado recibirá un tratamiento preventivo y hará ejercicios respiratorios específicos.            

“La segunda lección es bien conocida, la importancia extrema de la relación del cirujano con su enfermo”, subrayó Carpentier y destacó que “gracias al valor de Claude Dany, mejoraremos la preparación y el éxito de las próximas implantaciones”.

La cirugía

El primer paciente con un corazón artificial fue operado en el hospital Georges-Pompidou por un equipo de 16 personas que incluyó también al especialista Christian Latremouille, bajo la dirección de Carpentier.

Latremouille explicó entonces que el paciente “estaba en una situación terminal”, sin otra alternativa, pues debido a su avanzada edad no era candidato a un trasplante normal.

“La intervención se llevó a cabo en buenas condiciones (...) No hubo complicaciones ligadas al carácter novedoso de la implantación, estábamos en las condiciones habituales de un trasplante cardiaco clásico”, añadió.

Carpentier, quien ha luchado durante 25 años en el desarrollo de ese corazón artificial, dijo estar “muy emocionado” después de la operación hace casi tres meses cuando vio que comenzaba a funcionar.

Inclusive el presidente François Hollande felicitó al profesor Carpentier y a todo su equipo asegurando que “Francia puede estar orgullosa de esta acción excepcional al servicio del progreso humano”, escribió el mandatario.

Además, no cualquiera es candidato a beneficiarse de este corazón artificial, ya que el aparato, de 900 gramos, es más pesado que un corazón humano (300  g), y solamente puede ser implantado en personas corpulentas: es compatible con 70 por ciento de los tórax de los hombres, y apenas 25% de los de las mujeres.

La implantación del órgano artificial actualmente tiene un costo aproximado de 160 mil euros (casi 3 millones de pesos), incluyendo los gastos de operación y hospitalización.

Desde hace 10 años se han implantado otros modelos de corazones artificiales en el mundo, pero esos son máquinas temporales que se colocan a la espera de que alguien done el órgano para poder realizar el trasplante.

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Veneno de cono marino, potencial analgésico

Una pequeña proteína extraída del veneno del cono marino (una especie de caracol que vive en aguas saladas tropicales) parece prometedora para producir analgésicos más potentes que la morfina, con menos efectos secundarios y menor riesgo de adicción, según trabajos de investigadores australianos presentados ayer en Estados Unidos.

Los expertos crearon al menos cinco nuevas sustancias experimentales a partir de esta proteína que podrían conducir algún día al desarrollo de analgésicos orales eficaces para tratar algunos dolores crónicos.

“Se trata de un paso importante que podría servir de base al desarrollo de una nueva clase de medicamentos capaces de aliviar las formas más severas de dolores crónicos actualmente muy difíciles de tratar”, explicó David Craik, de la Universidad de Queensland en Australia, autor principal de la investigación.

Los conos marinos utilizan su veneno para paralizar a sus presas. Este veneno contiene cientos de péptidos, que son pequeñas proteínas conocidas como conotoxinas. En los humanos, algunas de estas parecen tener efectos analgésicos, explicó el investigador.

El estudio fue presentado ayas en la conferencia anual de la Sociedad Estadounidense de Química, reunida este fin de semana en Dallas, Texas. Los dolores combatidos por estos medicamentos son con frecuencia provocados por la diabetes, la esclerosis múltiple y otras enfermedades que afectan las terminaciones nerviosas, que pueden durar meses o incluso años.

AFP/Washington

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