Convertir ortodoxos es pecado, asegura el papa

El patriarcado retira a su delegación de la misa que encabezaría el jefe del Vaticano y recuerda a sus fieles que no participen en ceremonias católicas.
El estadio Meshki, con capacidad para 27 mil personas, estuvo semivació durante la celebración religiosa.
El estadio Meshki, con capacidad para 27 mil personas, estuvo semivació durante la celebración religiosa. (Luca Zennaro/EFE)

Tiflis, Georgia

Los católicos nunca deberían intentar convertir a los cristianos ortodoxos, advirtió ayer el papa Francisco durante su visita a Georgia. “Hay un gran pecado contra el ecumenismo: el proselitismo”, abundó el pontífice durante un encuentro con la comunidad católica de ese país.
 “Nunca deberían convertir a seguidores ortodoxos, ellos son nuestros hermanos y hermanas, discípulos de Jesucristo”, advirtió Francisco, quien pronunció esas palabras horas después de que el líder de la Iglesia ortodoxa georgiana faltara a la misa que el pontífice ofreció en Tiflis.
 “Ecumenismo significa ser amigos, caminar juntos, rezar por el otro y hacer obras de caridad cuando es posible. Nunca deberíamos condenar o dejar de hablar a un hermano o hermana porque sean ortodoxos”, subrayó el representante de la Iglesia católica.

El desaire

No obstante, los esfuerzos del papa Francisco por mejorar las relaciones con la Iglesia ortodoxa de Georgia sufrieron un revés público el sábado cuando el patriarcado decidió no enviar una delegación oficial a la misa oficiada por el pontífice y repitió que los fieles ortodoxos no pueden participar en ceremonias católicas.

En vísperas de la visita del pontífice a ese país, el portavoz del Vaticano anunció que el patriarcado ortodoxo estaría representado en la misa oficiada en un estadio de Tiflis “en una señal de entendimiento entre las dos iglesias”, sugiriendo que la fría recepción que recibió Juan Pablo II en 1999 se habría suavizado.

La delegación ortodoxa no acudió a la homilía “de mutuo acuerdo”, señaló la portavoz del patriarcado, Nato Asatiani, el sábado. La institución actualizó un comunicado previo publicado en su cibersitio diciendo que “mientras haya diferencias dogmáticas entre nuestras iglesias, los creyentes ortodoxos no participarán en sus oraciones”.

La modificación se habría producido tras la llegada de Francisco a Tiflis el viernes, cuando manifestantes conservadores ortodoxos se mostraron en contra de cualquier iniciativa ecuménica.

“Es el típico proselitismo”, dijo el padre David Klividze que, junto a un centenar de personas de la conservadora Unión de Padres Ortodoxos, protestaba en el exterior del estadio. “¿Puede imaginar qué pasaría si un predicador suní fuese al Irán chií y rezase en un estadio o en otro lugar? Esto no podría ser. Por lo tanto, nosotros estamos en contra de esto”.

El Vaticano aceptó la decisión ortodoxa, que la delegación papal conocía desde el viernes en la noche, explicó el vocero Greg Burke. Las normas ortodoxas no permiten la participación de la delegación en la misa, agregó.

Francisco tenía previsto saludar personalmente a los representantes ortodoxos tras la ceremonia. En su lugar, dio las gracias a “los fieles ortodoxos” presentes.

Estadio semivacío

Los organizadores esperaban que el estadio Meshki, con capacidad para 27 mil personas, estuviese lleno para la homilía, pero solo unos pocos miles de fieles ocupaban los asientos de las gradas cuando Francisco llegó al recinto a bordo del papamóvil. No hubo explicación oficial para la escasa asistencia a la misa.

Georgia es un país mayoritariamente ortodoxo y menos de 3 por ciento de su población —112 mil personas — son católicas, según las estadísticas del Vaticano.

En su homilía, el pontífice instó a los fieles a encontrar consuelo en Dios y a no “entristecerse por la falta de armonía que nos rodea... Es cuando estamos unidos, en comunión, cuando el consuelo de Dios obra en nosotros”, dijo.

El papa recibió el viernes una cálida bienvenida del líder ortodoxo en el inicio de una gira de tres días que lo llevará también a Azerbaiyán, de mayoría musulmana. El patriarca Ilia recibió al papa calificándolo de “mi querido hermano” y brindó en su honor diciendo: “Que dios bendiga a la Iglesia católica de Roma”.

A excepción del presidente del país, Giorgi Margvelashvili, ningún otro alto cargo acudió a la misa. Francisco también se topó con manifestantes radicales con carteles que decían “El vaticano es un agresor espiritual” y “Muerte al papismo”.