Continúa el debate sobre Octavio Paz y la izquierda

Hoy concluye con dos sesiones el encuentro internacional de intelectuales en honor del poeta y ensayista mexicano organizado por El Colegio Nacional.
Los participantes de la mesa “Revuelta, rebelión, revolución: ayer y hoy”.
Los participantes de la mesa “Revuelta, rebelión, revolución: ayer y hoy”. (Octavio Hoyos)

México

En la bibliografía de Octavio Paz convivieron infinidad de temas y preocupaciones: preguntas sobre el pasado y el presente, las que de alguna manera volvieron a plantearse en el Encuentro Octavio Paz y el mundo del siglo XXI, una de las actividades centrales para conmemorar el centenario del poeta.

Pensadores de distintos países se reunieron en El Colegio Nacional no solo para valorar las aportaciones del poeta a la cultura universal, sino también para plantear la vigencia de sus contribuciones en temas como la democracia, la relación entre el poder y los intelectuales, la identidad y los fanatismos, y, como se dio en vida, también con debate y polémica.

Aun cuando no estuvieron sentados en la misma mesa, Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, los dos fieles de la balanza intelectual en torno al Premio Nobel de Literatura 1990, coincidieron en su reflexión acerca de las relaciones, siempre difíciles, de Octavio Paz con la izquierda, sobre todo la mexicana.

Krauze recordó que hacia 1974 ocurrió el parteaguas en la vida del poeta, con la lectura de Aleksandr Solzhenitsyn, que lo convirtió en un disidente y lo convenció de dedicar “el resto de su vida a explicar a la izquierda mexicana y latinoamericana por qué ese gran sueño de la aurora de la revolución rusa, y sus homólogas la china y la cubana, que había empezado como un despertar y como una esperanza, había terminado en una pila de cadáveres”.

“A eso dedicó sus años en Vuelta y se debió su gran desencuentro con la izquierda. Confrontó el dogmatismo, la escolástica, y en ese despertar liberal sintió que después de todo el pasado virreinal y católico, a pesar de haber sido fecundo cultural y espiritualmente, también había tenido rostros oscuros, cerrados e intolerantes.”

En otra mesa Aguilar Camín aseguró que la guerra sagrada de Paz fue contra las utopías de la izquierda, pero que esta se libraba desde la izquierda, “desde el desengaño de un hombre que había estado en la fe en la revolución de la izquierda: desde la decepción de un creyente”.

“Lo que le molestaba a Paz de la izquierda es que los veía tan ciegos como había sido él dos generaciones antes, y ese pleito bien podría verse ahora como un pleito de familia entre un abuelo escarmentado y lúcido, pero regañón y por momentos polémico, y unos nietos inexpertos y miopes, pero desafiantes y demasiado seguros de sí mismos. Creo que ninguna de las partes actuó bien sus emociones: el abuelo regañaba de más y los nietos contestaban los regaños con insultos de más.”

Antes, Miguel León Portilla reconoció en Octavio Paz a una figura muy valiente, porque siempre había defendido sus ideas, aunque fuera atacado desde diferentes bandos: “Por un lado, recordaban de su juventud tendencias izquierdistas, y decían ‘fue un izquierdista’; luego se hizo renegado y se volvió derechista”.

“Pienso que no era ni izquierdista, ni derechista, que era Octavio Paz y fue sincero siempre con sus ideas. Octavio habló con claridad muchas veces, en diversos foros, escandalizando a algunos fanáticos que quieren clasificar al otro como tal o cual cosa”, aseguró.

David Brading, Hugh Thomas, Norman Manea, Ian Buruma, Tzvetan Todorov y Juan Goytisolo —quien aceptó tener una deuda con Octavio Paz por su “ingente y fecunda labor, tanto en el campo de un saber sin fronteras, como en el de la poesía”— fueron algunos de los pensadores reunidos en el encuentro, quienes lo mismo reflexionaron sobre las aportaciones de Octavio Paz a la historia y a la revisión de los fanatismos y la identidad, que centraron sus textos en su propia visión del presente, donde pareciera que muy poco ha cambiado entre lo que preocupaba al poeta medio siglo atrás y lo que sucede en nuestro tiempo.

El encuentro seguirá hoy, en El Colegio Nacional, con dos mesas: La democracia en el orbe iberoamericano y La letra y el cetro: los intelectuales y el poder, a partir de las 10:00 horas.

Por otra parte, la Cámara de Diputados, a través de la Comisión Especial para Conmemorar el Centenario del Natalicio de Octavio Paz, lanzó ayer la convocatoria del Premio Nacional de Ensayo que lleva el nombre del poeta. Se trata de textos que busquen explicar la realidad nacional a partir de la obra del premio Nobel de Literatura 1990. El concurso entregará reconocimientos y tres premios en efectivo: primer lugar, 250 mil pesos; segundo, 100 mil, y tercero, 50 mil.

Magnetismo intelectual

Durante la inauguración del Encuentro Octavio Paz y el mundo del siglo XXI, el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa, aseguró que el intercambio de ideas, ya fuera como conversación, debate o polémica, fue una de las pasiones de Octavio Paz, “y su magnetismo intelectual fue tal que pudo reunir en torno a sí —como amigo, como escritor y como editor— a muchos de los pensadores más importantes de su tiempo”. Esto quedó demostrado en aquel extraordinario encuentro de 1990 llamado La experiencia de la libertad, en el que, poco tiempo después de la caída del Muro de Berlín, se reunieron en la Ciudad de México los principales pensadores y protagonistas de las transiciones democráticas que en aquellos años conmovían al mundo”.

La intención, destacó el titular del Conaculta, es recordar a Paz y asumir su herencia, pero no desde la veneración acrítica, sino centrados en la circulación de las ideas, “de las ideologías y en su puesta a prueba a lo largo de los años”.