"Confío más en los músicos que en los escritores": Zazil Alaíde Collins

Hija única, le gusta la soledad y como en sus casas "casi a toda hora suena algo", aprendió a bailar sobre todo con Carmen, de Bizet.

Ciudad de México

Nació pequeñita un año antes del temblor de 1985. Su padre Jesús, psiquiatra y su madre Ángela, enfermera del Hospital Siglo XXI, entendieron que su entorno en la colonia Roma era zona de desastre; días después la enviaron a vivir a La Paz, Baja California Sur, con los abuelos de su padre. Ahí, a 10 minutos del malecón y del mar empezó a gestarse su poesía, su amor por la música y las palabras. Tal vez por eso en su segundo libro de poesía, No todas las islas, acreedor al Premio Estatal de Poesía Ciudad de la Paz 2011, editado en 2012, escribe:

Cuando destapé la caja de abulón, un destilado de 

gardenias irrigó el cuarto y empujóme como ventisca.

Zazil tan menuda como es, con una mata de cabello ensortijado y abundante como su palabra cuenta los muy distintos procesos de migración que la habitan. Hay por parte de padre piratas irlandeses. El bisabuelo José Ramírez peleó en la Revolución mexicana. De su madre veracruzana hereda sangre francesa y a las Aparicio, familia de mujeres. El abuelo Erasmo Aparicio, químico, fue corresponsal de guerra en Nueva York, para luego avecindarse al norte del puerto donde puso una farmacia.

Hija única, le gusta la soledad y como en sus casas "casi a toda hora suena algo", aprendió a bailar sobre todo con Carmen, de Bizet. También montaba obras de teatro, le gustaba correr en el malecón en un "ir y venir como ola de mar".

Parte mi lira del muelle/ Retrocediéndoseme/ las versiones de la memoria/ y la barca gira/ como unísona bengala/ que monta,/ y vibra allí/ donde la marea confunde sales,/ emana hombres.

Ya de regreso en la Ciudad de México, aunque no la educaron en la religión católica, entró al Instituto México, escuela marista muy cercana a su casa que acababa de convertirse en mixta. Fue la décimosegunda mujer entre 300s hombres. Ahí aprendió a defenderse "sobre todo en el terreno intelectual, pues los maristas son misóginos y los papás de mis compañeros más". Siguió el CUM y luego entró a Ciencias Políticas en la UNAM, pero "la grilla no me gustó y me fui a meditar de regreso a la Paz". Meditación y mar, la regresaron aún confundida sobre su futuro. Entró a la ITAM, continuó con la ciencia política pero como algo le faltaba se fue de oyente a Filosofía y Letras. Terminó la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas donde "comencé a empaparme de la chismología del oficio". Recurso que le sirvió después para entrar a radio Ibero, Red Bull Music Academy Radio y a Radio UNAM como guionista, locutora e investigadora musical. Antes escribió su primer poemario Junkie de nada, 2009, Editorial Lenguaraz.

Tzjon Noan (Pueblo de hilo suave en amuzgo)

La vida es una panoplia de ausencias

vivir: buscar cual buscar qué presente, aquí,

cuál ahora.

Yo soñé con la bebé poesía,

amamantada en brazos,

cuando vivero abierto

respiré la luna.

La palabra, la música y el trabajo se juntan en ella, hoy es programadora de las barras musicales de la estación Código DF, radio cultural en línea; 44 horas le parecen pocas, tiempo continuo buscando, como guía, la transmisión de material de estreno; también conduce la serie Balalaika, con temas de su pasión: los medios digitales de la música popular y sus mestizajes sonoros.

—¿Qué fue primero el ritmo o la palabra?

La palabra es música, se forma por argumentos, damos significados, está en nuestros cuerpos, incluso el silencio. El origen de la literatura es la oralidad, no es un terreno musical, pero se canta, se reverbera, se gime. De mi padre heredé la música; había vivido en Cuba de donde trajo toda clase posible de música caribeña. Estudié danza, ensayaba con piano y percusiones afrocubanas. Mi abuelo toca guitarra y canta, así que la lírica y el ritmo siempre me han palpitado cerca. Chico Buarque dice que "El escritor se muere de envidia del músico". La música me parece un lenguaje más sencillo de comunicar. Mis autores e intérpretes vienen del blues o la mal llamada world music, sobre todo de raíz afro. Consumo música de todo tipo: John Mayall, Dire Straits, Los Rolling Stones, Queen...

Zazil publica columnas musicales en El Universal y en la Revista Plástica. De adolescente Bataille y Artaud eran sus autores de cabecera. Hoy Saul Below y Anne Waldman, pero lee a Octavio Paz, Wislawa Szymborska, Gerardo Deniz, Reinaldo Arenas y María Sabina. Antonio Lobo Antunes es uno de los escritores que la inquieta, "quisiera leer toda su obra, destejarla por su complejidad discursiva, lo fragmentado de su escritura, la multiplicidad de voces que incorpora.

Correspondencia. Zazil Alaíde nunca ha estado en talleres o ha tenido mentores, pero mantiene correspondencia con el escritor español Ramón Buenaventura y la poeta mexicana Mariana Bernardez. "Ellos me dan consejos importantes. Sus textos son una especie de guía".

Su escritura. Sin ritual, la DJ y poeta lleva varias libretas de apuntes. Escribe versos sueltos o describe situaciones que luego le sirven para "pizcar e hilvanar". En casa, en la cama con piyama, siempre en soledad, con su gato negro Pantera al lado, es nocturna, por eso repite la canción de los Tucanes de Tijuana: "Me gusta vivir de noche". Así que suele comenzar sus días ya tarde después de escribir hasta la madrugada. Luego de un té de jazmín, jengibre o irlandés, "ya piensa y carbura letras". De su nuevo poemario inédito, El corazón, tan cerca de la boca, comparte este texto:

Tan cerca,/ desollar el alma en un areíto/ beber en soledad/ ante la luz de vida/ el agua en la jarra, de flor limpia/ como preámbulo/ escribir a cuenta gotas/ que de vaho el cuerpo cambia/ como pliegue de piqué/ que con un rezo de amor/ manto pringado del blanco/ se confecciona/ al habitar/ la sémola de lo sagrado,/ los daguerrotipos que refulgen/ al alba zurda de sol.

Los sueños. Bajo la almohada hay una libreta con una pluma en medio, para el momento en que despierte o en la duermevela, enunciar sueños. Son su oráculo. Le gusta analizarlos en el Diccionario de símbolos, de Juan Eduardo Cirlot.

Nuevos proyectos, textos musicalizados. Hace unos meses el rapero Eric El Niño, "de la banda Xavier, jovencísimo y talentoso trío que combina jazz, rock y hip hop", le ofreció armar algo con su poesía en alguna presentación. "Quise compartirle El corazón, tan cerca de la boca, mi nuevo manuscrito, y Citlalli, cantante de la banda, quedó encantada con la idea. Como es ducha en la composición ya me barajó un par de posibilidades. La propuesta es que hagamos una app que combine música y visuales. A eso se sumaría el sax de Jonathan Arellano. Si mi poesía puede encontrar eco en la música, me hará muy, muy feliz.

"Confío más en los músicos que en los escritores. Es justo ese el objetivo de la literatura, al menos la que yo quiero hacer. El arte es un trabajo colectivo".