Conclusión, “somos monógamos promiscuos”: experto

Un psicólogo, un rabino, dos antropólogos, un evolucionista, un literato, un biólogo evolucionista y una endocrinóloga discuten la fidelidad sobre un ring.
La controvertida conversación se realizó en La Ciudad de las Ideas, que se lleva a cabo en Puebla.
La controvertida conversación se realizó en La Ciudad de las Ideas, que se lleva a cabo en Puebla. (Gabriela Martínez)

Puebla

Al encenderse las luces del escenario en el encuentro La Ciudad de las Ideas, que se llevo a cabo en Puebla, se observó un ring con dos podios. En el cuadrilátero estaban programadas cuatro peleas (debates) sobre si la naturaleza del ser humano es ser monógamo o polígamo.

Especialistas en los campos de la evolución, la religión, la neurología, la antropología y los primates, ofrecieron argumentos que abarcaron diversas áreas científicas intentando convencer al público de cuál es la verdad detrás de la exclusividad sexual.

PELEA 1

Shmuley Boteach, un rabino ortodoxo que no podía usar el botón electrónico para manejar el cronómetro del debate, pues era shabat y tenía que levantar la mano, intentó tirar el primer golpe contestando, a su juicio, el misterio que nunca ha podido responder un hombre: ¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

“Es un error pensar que una mujer quiere ser amada, si lo quisiera, nunca abandonaría a sus padres (…) Una mujer quiere ser elegida, quiere primacía exclusiva, que un hombre la coloque en el centro de su existencia y que declare que él solo va a beber de los ríos profundos de su sexualidad y solamente va a inhalar las fragancias de su sensualidad, monogamia apasionada”, comentó el religioso.

Al argumento del rabino, el psicólogo Michael Shermer, director de la Sociedad de Escépticos y doctor en historia de la ciencia, contestó: “Me sorprende escuchar a un rabino haciendo este argumento, porque La Biblia es la obra más inmoral de toda la ficción (…) consiste en un Dios celoso que castiga a las mujeres por la eternidad con el dolor de dar a luz, y las condena a ser un poco más que una bestia de carga y ser esclavas sexuales (…) Y premia a los guerreros con tantas esposas como las que puedan manejar, el rey Salomón tuvo hasta 700 mujeres. 

“¿Dónde está la monogamia en esta historia?, ¿dónde está la moralidad?, y por cierto ¿alguien le preguntó a las mujeres que opinan de este arreglito?, pero todo esto es ficción, la monogamia es un látigo”, replicó el escéptico.

La pelea prosiguió con ambos contendientes esquivando golpes de argumentos lógicos y bíblicos, mientras los seguidores de cada bando apoyaban su favorito.

PELEAS 2, 3 y 4

En la segunda pelea, el psicólogo evolutivo David Buss intentó convencer al antropólogo experto en primates Kit Opie de que la monogamia puede ser conveniente, pero no es inherente al ser humano.

Opie aseguró que si los seres humanos no hubieran evolucionado con la monogamia “seríamos otra especie de monos creciendo en los bosques y habitando árboles”, pues gracias al establecimiento de una sola pareja, la protección y alimentación de las crías permitió un mejor desarrollo del cerebro.

“No estaríamos teniendo este debate si la monogamia no nos hubiera dado un cerebro cuatro veces más grande que el de un chimpancé”, abundó al intentar lanzar su mejor golpe.

Buss rebatió: “Estoy de acuerdo en que el ser humano desarrolló la monogamia como una estrategia evolutiva, pero no fue la única, hay muchas pruebas de que también evolucionamos de esta manera tratando de adquirir varias parejas (…) Cuando hablo de la poligamia estoy hablando de la sexual, no de arreglos maritales formales, esto incluye esposas, concubinas, amantes y aventuras de una sola noche.

“Hay tres clases de adaptaciones que participaron en la evolución, una tiene que ver con nuestro deseo por una variedad sexual, otra con las tácticas de hacerse de una pareja y una tercera con la manera de retener una pareja. Al final hay varias pruebas científicas que apoyan esta teoría, el deseo de la variedad sexual”, afirmó el psicólogo.

Al igual que la anterior, y que las subsecuentes, la pelea no salió de los mismos argumentos sobre evolución y ejemplos escogidos de la naturaleza donde la monogamia o la poligamia daba ventajas o desventajas a sus practicantes, ya fueran humanos o animales.

La antropóloga Helen Fisher apoyó la monogamia con el argumento de la conveniencia de criar a la descendencia, mientras el neurólogo y biólogo Robert Sapolsky le contestaba con argumentos fisiológicos de cómo el ser humano también puede estar adaptado a ser polígamo, aunque no siempre decida serlo.

La psicóloga evolucionista Martie Haselton y el literato experto en el tema Christopher Ryan, cayeron en el mismo intercambio de ideas. La audiencia, en su mayoría a favor de la monogamia, siguió apoyando a aquel que concordaba con su manera de pensar.

Fuera del cuadrilátero

Pere Estupinyà, bioquímico, periodista científico y autor de varios libros, entre los que destacan Rascar donde no pica y S=EX2: la ciencia del sexo, no fue invitado debatir, a pesar de ser uno de los ponentes en el evento que más conoce sobre el tema de la sexualidad.

En la sala de prensa, al preguntarle poco después del debate ¿Monogamia, o poligamia?, contestó a MILENIO: “Yo creo que es claro y se ha visto, tenemos algo de monógamos sociales, pero no somos monógamos sexuales, yo no sé cómo en el debate no han establecido desde el principio la diferencia en este punto: la monogamia sexual y monogamia social no son lo mismo.

“Sí tenemos tendencia a formar parejas, a enamorarnos, a querer estar con una persona y cuidar los hijos y tal; pero tenemos, tanto hombres como mujeres, deseos sexuales de aparearnos con otros, nuestra naturaleza es querer estar con una persona, pero al mismo tiempo tener deseo sexual por otras (…) Somos monógamos promiscuos”, concluyó el experto, fuera del ring, y con knock out.