Comportamientos inexplicables

Lloramos porque va a morir un amigo, pero después lo aborrecemos porque pone en peligro nuestra relación marital, decimos mentiras, chismeamos, somos infieles, pero también nos arrepentimos ...
Poesía visual en la comedia.
Poesía visual en la comedia. (Especial)

México

Victor Hugo decía que un espectáculo más grande que el mar es el cielo, y que un espectáculo aún más grande que el cielo es el interior del alma humana. Semejante sentencia es equiparable a la premisa de Amar, beber y cantar, la última película de Alain Resnais.

Esta adaptación de la pieza de Alan Ayckbourn brinda la posibilidad de ver ese espectáculo complejo y contradictorio que somos los seres humanos, pues nos comportamos de manera inexplicable: lloramos porque va a morir un amigo, pero después lo aborrecemos porque pone en peligro nuestra relación marital, decimos mentiras, chismeamos, somos infieles, pero también nos arrepentimos porque amamos. Si hacemos cosas absurdas es parte de la locura que alcanzan el cielo o las profundidades del mar.

Cabe resaltar que ninguna de las tres parejas es la protagonista de la historia —no puedo pasar por alto que se trata de un artificio bien pensado, típico de un cineasta que se dedicó a experimentar con la narrativa, situación que permea toda su obra pues hay concordancia entre su manera de pensar con la de contar— sino George, amigo de los hombres y ex amante de las mujeres en su juventud, quien provoca
las reacciones de los personajes. Lo genial es que nunca lo vemos ni oímos sino que es admirablemente invisible.

Resnais logra poesía visual en la comedia y combina los preceptos del teatro —hay mucho diálogo, usa la acción y el espacio diegético como si se tratara solamente de una producción teatral, aunque bien apoyado por la banda sonora—, la pintura —las acuarelas que localizan las casas de los protagonistas son conmovedoras— y el cine —el recurso de meter la cámara dentro de un auto que avanza por la carretera como si fuera el dramaturgo funciona para indicar: ahora vamos a ver qué sucede con…—, pero, paradójicamente, la película tiene ritmo cinematográfico: los acontecimientos nunca se detienen y no dejan de sorprendernos porque están filmados no para rendirle culto al convencionalismo, sino para apoyar una narración que está concebida de manera distinta. Llaman la atención los primeros planos porque Resnais los aparta de la escenografía otorgándoles un estilo único, como si se tratara de un paréntesis.

Amar, beber y cantar es un gran final de vida y obra, la mejor forma de empezar a estudiar a un artista que experimentó con el lenguaje audiovisual como pocos lo han hecho, con la conciencia de que lo que está contando nos importa a todos, porque retrata nuestros comportamientos más inexplicables.

 

Amar, beber y cantar” (Francia, 2013), dirigida por Alain Resnais, con Sabine Azéma e Hippolyte Girardot.