En el dulce se llevan al muerto

Los vendedores aprovechan estas fechas vendiendo alfeñiques de diversos tamaños, figuras y colores quienes aseguran que "a los muertos hay que llevarles lo que les gusta de comer"
Rosalba, la vendedora de dulces.
Rosalba, la vendedora de dulces. (Alicia Sánchez)

León, GTO.

Durante todo octubre, Rosalba Sánchez guardó en el comedor de su casa cajas selladas con alfeñiques adentro.

Eran las calaveritas para los angelitos en el Día de Muertos.

Los fue elaborando poco a poco, conforme tenía tiempo libre en las tardes.

Cada caja que llenaba de figuritas de calaveras y frutitas, la sellaba perfectamente y la acomodaba en un lugar fresco, seco y sin humedad para conservar el dulce.

"Las acomodé en el comedor de la casa. Me estorbaban un poco ya los últimos días, pero así es esto, es el trabajo", dijo Rosalba.

Hace 10 años que Rosalba elabora calaveras de alfeñique cada octubre para venderlas en los días 1 y2 de noviembre.

El resto del año se dedica a vender cajas de regalo con motivos según la fecha.

Atravesó toda la ciudad para instalar su puesto por dos días en un panteón.

"Casi no hay lugares, todos los panteones se saturan de puestos. Entonces hay que trabajar donde a uno lo dejen", dice.

Las calaveras que elabora Rosalba tienen la frente en blanco: "Ahí llevan el nombre", explica.

Las calaveras se venden más cuando los visitantes salen del panteón, "porque se llevan a su muerto, se lo llevan a su casa".

La diversidad del alfeñique es tan amplia, que existen platos de mole con sopa de arroz, sopes, enchiladas, pollo frito, pan y atole, para llevar a los muertos.

Aunque hay una enorme diferencia de tamaño entre un plato de mole real y uno de alfeñique, el precio es casi el mismo.

Veinticinco pesos por un plato de mole, 20 por el de tres enchiladas rojas y 15 por el más pequeño: "A los muertos hay que llevarle lo que les gusta de comer", dice.