En Colombia despiden a Gabo con deseos de paz

Entre la lluvia, la música de concierto, el vallenato, flores y mariposas amarillas, Gabriel García Márquez fue honrado en su patria de origen.
El mandatario colombiano definió al novelista como “el más grande exponente no solo de las letras nacionales, sino del alma colombiana”.
El mandatario colombiano definió al novelista como “el más grande exponente no solo de las letras nacionales, sino del alma colombiana”. (Luis Acosta/AFP)

Bogotá

Con el Réquiem de Mozart y al son del vallenato, los colombianos despidieron ayer, en medio de un fuerte aguacero, a su fallecido premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien fue recordado en una ceremonia en la Catedral Primada de Bogotá.

La catedral fue adornada con flores y mariposas amarillas, como las que se mencionan en Cien años de soledad, la obra cumbre del escritor fallecido el 17 de abril en la Ciudad de México a los 87 años de edad.

La ceremonia, de hora y media de duración, arrancó con la entrada a la catedral del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, mientras sonaba la música de la Orquesta Sinfónica Nacional. También estuvieron presentes los ex presidentes Belisario Betancur, César Gaviria y Ernesto Samper.

El homenaje solemne de Colombia al escritor continuó con una lectura del Sermón de las Bienaventuranzas. Durante su breve intervención el arzobispo de Bogotá, cardenal Rubén Salazar, dijo que García Márquez dejó un legado literario y una enseñanza sobre “los caminos de humanidad que nos permitirán alzarnos contra la violencia y la injusticia para construir la paz”.

Por su parte, el mandatario colombiano, un día después de asistir al homenaje que en la Ciudad de México se brindó a García Márquez, dijo que “las palabras de Gabo han estado siempre en nuestras casas, en nuestras bibliotecas, en nuestros periódicos, en nuestras revistas (...), pero sobre todo en nuestros corazones”.

El presidente colombiano destacó también que “Gabo fue un hombre comprometido con el destino de su país y de América Latina, un hombre de profundas convicciones, preocupado por la justicia, por la educación y, muy especialmente, por el logro de la paz”.

Puso el acento sobre el último tema al expresar que García Márquez “buscó la paz, trabajó por la paz, siempre quiso una Colombia en paz”, y agregó: “En su memoria no vamos a claudicar en esa tarea, la más trascendente que tenemos como nación”.

Santos definió a García Márquez como “el más grande exponente no solo de las letras nacionales sino del alma colombiana”. Concluyó su intervención con una invitación a los presentes a aplaudir de pie, “con el alma”, para que se escuchara “en los confines del planeta” a García Márquez, “ese hombre gigante que escribió con letras de oro el nombre de Colombia en el panorama mundial”.

Tras el caluroso y prolongado aplauso, el homenaje se cerró con la interpretación por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia de “La casa en al aire”, un clásico de la música vallenata de Rafael Escalona, quien fue además gran amigo del escritor originario de Aracataca.

Primer reconocimiento

En la plaza de Bolívar, para entrar al templo cientos de personas hicieron una fila dos horas antes del acto, que comenzó poco después de mediodía.

El pasillo de acceso a la catedral también fue adornado con rosas amarillas, un guiño para el autor de Cien añosde soledad, que las consideraba de buena suerte y parte del rito indispensable para sentarse a escribir cada mañana.

En la plaza, tres pantallas gigantes transmitieron el evento, pero solo reunieron a unos cientos de personas, que se dispersaron rápidamente debido a la intensa lluvia.

Durante el acto, que no contó con la presencia de la viuda del escritor, Mercedes Barcha, ni de sus dos hijos, el protagonismo recayó en la música que tanto disfrutó en vida el Nobel colombiano.

Los músicos, que llevaban mariposas amarillas prendidas en sus sobrios trajes negros y también en sus atriles, interpretaron como pieza central el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart.

La música caribeña intentó dar un toque alegre al acto, aportando el “ánimo de fiesta” que García Márquez describió en un cuento nunca terminado, en el que vislumbró su muerte y un cortejo fúnebre con tintes de parranda.

A la salida de la ceremonia, los organizadores lanzaron miles de mariposas amarillas para transportar a Bogotá la magia del universo de García Márquez, pero estas se estamparon en el suelo por la lluvia, por lo que terminaron por formar una masa amorfa.

Este acto fue el primero de una serie de reconocimientos para honrar al “más admirado y querido” de los colombianos, como llamó el presidente Santos a García Márquez el día de su fallecimiento.

Claves

Homenajes sin fin

- Hoy se realizará en Colombia una lectura de El coronel no tiene quién le escriba en más de mil bibliotecas públicas, escuelas y parques.

- La próxima semana, durante la Feria del Libro de Bogotá, serán expuestas algunas de las obras de la biblioteca de Gabo que él mismo donó.

- El Congreso colombiano tramitará el proyecto de dar rango de patrimonio cultural a Aracataca, tierra natal de Gabriel García Márquez.