Cocteles e historia

Absenta, mimosa, calimocho, champaña, cosmopolitan, pisco, margarita, submarino y más cocteles están en el libro de Patán.
Julio Patán, "Cocteles con historia. Guía definitiva para el borracho ilustrado",  Planeta, México, 2015, 264 pp.
Julio Patán, "Cocteles con historia. Guía definitiva para el borracho ilustrado", Planeta, México, 2015, 264 pp. (Especial)

México

Alguna vez escuché a Jacobo Zabludovsky preguntar y contestarse: cuál es el mejor vino blanco…, el tinto; y cuál es el mejor vino tinto…, el que te invitan. Dicho birlibirlesco que se esconde, como infinidad de sentencias, entre las líneas del apetitoso libro de Julio Patán (Ciudad de México, 1968), Cocteles con historia. Guía definitiva para el borracho ilustrado. Obra que si bien se ofrece al lector como de autor, se convierte en una propuesta compilatoria de esa compleja y rica correspondencia entre bebidas y formas de beber y manifestaciones artísticas y culturales. Una relación antes abordada en nuestros medios editoriales, pero que con Patán (colaborador de estas mismas páginas) dispara desenfadadas miradas a un gran número de imágenes insertas en el memorial báquico de una infinita comunidad de bebedores. Labor que el autor identifica como no exhaustiva, sin embargo reflejo del dominio de la observancia del hecho cultural y de los placeres del beber —habrá que subrayar también.

La estructura del nuevo libro, fragmentada a partir de los llamados cocteles (si bien algunos más que una mezcla sean bebidas genuinas como el anís, la cerveza, el coñac o el vino), permite a Patán llevarnos al reencuentro con la escena cinematográfica o televisiva, la narración literaria o el pasaje histórico. Extenso listado que, reconocerá el lector, tiene sus momentos estelares (Bukowski y la cerveza; Hemingway y el daiquirí; Buñuel y el martini, y un largo etcétera). Están ausentes, deliberadamente, bebidas como el pulque y el mezcal (veo las muecas de desprecio de hípsters y antropólogos, dice Patán), lo que no resta el interés ni el embeleso constante, página a página y de principio a fin, aliñado con certeros epígrafes: Un hombre que no bebe no es, en mi opinión, completamente un hombre: Anton Chejov. Sin duda no hay nada que calme tanto el espíritu como el ron y la religión verdadera: Lord Byron. El problema con el mundo es que todos están unos cuántos tragos atrás: Humphrey Bogart.

Absenta, mimosa, calimocho, champaña, cosmopolitan, pisco, margarita, submarino (ese dionisiaco revoltijo de tequila y cerveza: introduciendo el caballito del primero en el vaso de la segunda, agh, y que se supone lleva tal nombre porque se inventó en la desaparecida cantina El Submarino del Centro Histórico de la Ciudad de México en la primera mitad del siglo XX) y más cocteles están en el libro de Patán —prefacios de Rafael Pérez Gay y Ricardo Cayuela Gally—. Y el vino tinto, ¡claro!, y el blanco, de orígenes, tradiciones, cepas, marcas, precios, maridajes, texturas, rubores y convites varios, parafraseando a Zabludovsky, bebida alcohólica con data de hará unos siete mil añitos.