Clemente Orozco Valladares busca un museo para su padre

El hijo del destacado muralista reúne firmas para que las autoridades se sensibilicen y atiendan su petición.
El hijo de Orozco solicita desde hace años a las autoridades dignificar el museo que fue casa familiar.
El hijo de Orozco solicita desde hace años a las autoridades dignificar el museo que fue casa familiar. (Enrique Vázquez)

Guadalajara

"¿Acaso no se puede hacer la obra maestra más grande con un papel y un lápiz cualquiera?” pregunta Clemente Orozco Valladares recurriendo a las palaras de su padre el muralista mexicano José Clemente Orozco. Y enseguida responde “y lo hizo”.  Esto como argumento de una sentida petición al gobierno estatal en turno para que valore el prestigio de vida y obra de su padre.

De abril a la fecha Orozco Valladares, toma con ahínco la intención de dignificar el estado de la casa que adquirió en Guadalajara su padre para vivir y trabajar con su familia poco tiempo antes de fallecer. El gobierno del estado posee la Casa José Clemente Orozco desde 1951 que fungió durante los primeros 30 años como museo. En su perspectiva  las recientes Administraciones estatales la han desatendido.

“Es de tal naturaleza el abandono de esa casa que lo considero de lesa cultura... criminal”, dice el ya nonagenario y aclara que su principal petición es incluso, un espacio digno para que se difunda el prestigio del insigne pintor jalisciense de reconocimiento internacional. “Debería ser un centro único en el mundo como el Bauhaus, que podría redituarle al gobierno mucho dinero y sobre todo prestigio, como la casa de Mozart en Viena, por ejemplo”.

En Administraciones pasadas la propuesta de Orozco Valladares la han dejado de lado funcionarios con el argumento de que no hay dinero. Ante esto el también ingeniero químico con especialidad en Suiza, toma de ejemplo los murales que se encuentran en el Instituto Cultural Cabañas y se pregunta cómo un legado que ronda los cinco mil millones de dólares están desaprovechados totalmente. Esto considerando que “un óleo de Orozco se vende en un millón de dólares y el Cabañas tiene mil 200 metros cuadrados, serían mil 200 millones de dólares, a eso hay que agregarle obras en México y el extranjero como el mural en el Palacio de Gobierno, el fresco de la bóveda de la Cámara de diputados y la obra en edificios de la Universidad de Guadalajara”, menciona el hijo heredero de los derechos de la obra de Orozco.

Dice que hace un año se presentó ante Myriam Vachez Plagnol, actual secretaria de Cultura de Jalisco con la misma propuesta sin lograr éxito alguno. “Me dijo que lo consultaría y que luego me decía qué haríamos”. Señala que hay una gran falta de atención hacia la vocación de la Casa Taller que lleva el nombre de su padre y ante la posibilidad de que exista un museo que difunda el legado de José Clemente Orozco.

“Hay gente de todo el mundo interesado en conocer a la persona que fue mi padre, cómo vivía, cómo pintaba, como era su familia, su cotidianidad”.

Orozco Valladares dice que ahora está decidido “a tomar medidas drásticas. Acudí al Congreso de Jalisco y pretendí abordar al gobernador del estado Jorge Aristóteles Sandoval Díaz para cuestionarle ¿Cómo es que Orozco no tiene un museo?

Los interesados en sumarse a esta petición pueden escribir a josecorozco@gmail.com o marcar al 333-200-9090.

Casa Taller Clemente Orozco

En 1946 José Clemente Orozco adquirió la propiedad en la calle Aurelio Aceves número 27 en la colonia Arcos Vallarta por recomendación de su médico en la Ciudad de México pues el artista sufría de problemas cardiacos, de manera que decide establecerse en Guadalajara. El proyecto arquitectónico estuvo a cargo del arquitecto Fernando González Gortázar y construida por Edmundo Ponce Adame en 1948.

Un año más tarde acaeció el muralista y en 1951 Margarita Valladares, esposa de Orozco, vendió al gobierno del estado de Jalisco la casa para convertirla en centro cultural.

Energía creando materia

José Clemente Orozco nació en Ciudad Guzmán, Jalisco en 1883 y se mantuvo siempre vigente en el arte conceptual. Una de sus obras magnas reside en la cúpula de la capilla Clementina del Instituto Cultural Cabañas pintada entre 1936 y 1939 que acorde a explicaciones de su hijo corresponde a una interpretación científica que representa el plasma, la materia a más de un millón de grados, energía creando materia. Tuvo exposiciones en París, Viena  y Nueva York, dejó su obra en murales en México y Estados Unidos