Los Classic Buskers pusieron a bailar a niños y grandes

La agrupación reta a que el público quite la etiqueta de aburrida a la música clásica.
El musical transcurrió entre trucos mágicos y piezas musicales clásicas
El musical transcurrió entre trucos mágicos y piezas musicales clásicas (Milenio Digital)

Guadalajara

La tarde del domingo en el Teatro Degollado concluyó el segundo episodio del Festival de Mayo con la compañía inglesa The Classic Buskers y el mago Neil Henry con una asistencia de cerca de 300 espectadores.

Al inicio de la obra Neil Henry con traje de director de orquesta y un silbato se paseó por las bancas del teatro para elegir a seis niños que le acompañaron en la primera pieza musical que iban a interpretar, además de dos de sus colaboradores, uno que fue elegido no fortuitamente y estaba en la parte trasera del público y el otro que se encontraba barriendo el escenario.

El musical transcurrió entre trucos mágicos y piezas clásicas de música de Mozart, Vivaldi, Händel, Chopin, Tchaikovski, entre otros, pues como reza su propósito se trata de “aproximar al público a la música clásica de una manera lúdica, diferente y extraordinaria, bajo la temeraria cuestión ¿quién dice que la música clásica debe ser aburrida?

Una parte muy emotiva del concierto fue el virtuosismo de Michael Copley, quien interpretó las piezas musicales con más de una decena de instrumentos de viento como un melodión, flautas transversales, dulces, de pan, cromornos y ocarinas, hasta una flauta de pico, inclusive una trucha de hule, y en más de una ocasión tocó dos flautas al mismo tiempo.

La última pieza, la obertura 1812 de Tchaikovski sorprendió por su actuación y ya que nueve globos que estaban en la cortina fueron tronados irónicamente para simular los cañones de la pieza a la vez que permitió el dramatismo cuando uno de los cómicos salió al escenario con un traje de abeja y con un globo que medía más de dos metros de diámetro, el cual también fue explotado como fin épico de la obra. Los artistas se despidieron con una inclinación a la manera de las grandes orquestas.

El público por su parte recibió con gran efusividad la interpretación, con aplausos y risas. Al final del concierto pidió a fuerza de aplausos que no terminara el show con aplausos rítmicos como si dijera “otra, otra”, y los músicos consintieron con un par de canciones improvisadas para dar gusto al público.