Los sueños y el poder de Cinema Paradiso

El niño que cobró fama gracias a la premiada película del director Giuseppe Tornatore recuerda cómo fue aquella filmación hace un cuarto de siglo y comenta que hoy, a sus 34 años, sigue marcado ...
Cinema Paradiso
Cinema Paradiso

Ciudad de México

En 1988, durante la primera ronda de audiciones para encontrar al niño protagonista de su siguiente película, el director Giuseppe Tornatore le preguntó a Salvatore Cascio, de ocho años de edad, qué significaba el cine para él. El niño pensó por unos momentos. Luego dijo: “Para mí el cine es como una televisión enorme”.

“Tornatore pareció un poco sorprendido, y luego se rió”, dice Cascio, ahora de 34 años, hablando desde su casa, cerca de la ciudad siciliana de Palazzo Adriano, donde Tornatore filmó una gran parte de Cinema Paradiso. “Yo nunca había ido al cine, no sabía realmente qué era. Así que creo que mi respuesta le hizo gracia. Tal vez eso fue lo que hizo que obtuviese el papel”.

Puede ser así. Sin embargo, parece más probable que a Tornatore lo hayan atraído los enormes ojos oscuros, la sonrisa pícara y la gran naturalidad ante las cámaras del joven Cascio —conocido por todos como Totò, el diminutivo siciliano de Salvatore, y el nombre que lleva su personaje en la película.

El joven Totò es una de las tres encarnaciones del personaje. La película comienza con Totò adulto (Jaques Perrin), que ya es un famoso director de cine, enterándose de la muerte de su viejo amigo Alfredo (maravillosamente interpretado por Philippe Noiret), un proyeccionista de cine de su ciudad natal. Totò recuerda cómo su amistad y su naciente amor al cine definieron su niñez y adolescencia. También está el Totò adolescente, interpretado por el fornido Marco Leonardi. Pero de los tres Totò, es el interpretado por Cascio el que se queda en la memoria: durmiéndose con sus ropas de monaguillo en la primera escena; corriendo apenas el telón del cine para darle un vistazo a la prohibida pantalla grande; atormentando al pobre Alfredo hasta que el proyeccionista no tiene más remedio que enseñarle su oficio.

Han pasado 25 años desde el estreno de Cinema Paradiso, una de las películas internacionalmente más aclamadas en la historia del cine italiano moderno. Las legiones de fans británicos de la película (incluyendo a Philip French, que alguna vez escogió al filme de Tornatore como uno de los mejores sobre el cine que se hayan hecho) se preparan para un placer prenavideño: una versión nueva de la cinta, restaurada a partir de los negativos originales. Luego se lanzará a la venta una versión en Blu-ray, que presentará la versión restaurada y la versión del director, más larga y para muchos menos exitosa.

Tornatore tenía sólo 32 años cuando hizo Cinema Paradiso, su segunda película. El filme fracasó inicialmente, pero una edición nueva estrenada en 1990 la impulsó al éxito que culminó con el Oscar a la mejor película en otro idioma y varios premios Baftas que consolidaron la reputación de Tornatore como director. Para muchos sigue siendo su mejor película, aunque personalmente tendría problemas para elegir entre Cinema Paradiso y Malèna, su filme emocional del 2000 en el que presenta a Monica Bellucci como una viuda vulnerable en la Sicilia de la guerra, y cuyo descenso a la prostitución es observado por un grupo de muchachos adolescentes.

Para Cascio, que hoy tiene dos años más de los que tenía Tornatore cuando lo escogió para el papel de Totò, Cinema Paradiso moldeó en más de una manera su vida. Protagonizó otras películas (con Marcello Mastroianni, Everybody’s Fine, del mismo Tornatore, cuya versión hollywoodense se filmó hace poco con Robert De Niro y, más extrañamente, también protagonizó junto a Robbie Coltrane la comedia de corrupción en el Vaticano, The Pope Must Die) pero nunca logró hacer una transición exitosa de estrella infantil a actor adulto.

En el presente Casio tiene un restaurante y posada llamado L’Oscar dei Sapori, en lo que asumo es una referencia al premio que recibió Cinema Paradiso (el nombre se traduce, creo, como “el Oscar a la mejor cocina”), y está escribiendo un libro sobre cómo se hizo la película. Su popularidad internacional significa que sigue teniendo una gran demanda: hace unas semanas recibió un premio en un festival en Toledo, España, y lo han invitado a asistir la próxima primavera a otras celebraciones del 25 aniversario de Cinema Paradiso en Buenos Aires.

Cascio dice que está perfectamente feliz de seguir siendo conocido por un papel que interpretó hace más de dos décadas. “Cuando comienzas como una estrella infantil, la transición a actor adulto es difícil. Como niño actúas de una manera muy natural y espontánea, estás jugando. Pero a medida que creces actuar comienza a parecerse a algo que debes estudiar, se convierte en un trabajo. En realidad yo nunca quise ser actor. Me siento feliz de que Cinema Paradiso sea mi tarjeta de presentación”.

Comprensiblemente, dado lo joven que era entonces, Cascio solo tiene recuerdos vagos de la filmación. “Yo era la mascota del equipo” dice. “Todos eran dulces conmigo. Yo les contaba historias graciosas y ellos me cuidaban. La filmación me resultó cansada, porque era verano y lo único que quería era salir con mis amigos, jugar futbol y andar en bicicleta. Pero a esa edad tomas todo con naturalidad: hasta ganar un Bafta parece normal. Fue hasta años después que tomé conciencia de lo que había significado realmente todo aquello. Ahora me siento muy orgulloso de haber sido parte de eso”.

No es accidental que la celebración nostálgica del poder inherente a realizar grandes películas, y del cine como una experiencia comunitaria representada en Cinema Paradiso, haya capturado la imaginación del público. Llegó en una época en la que la novedad de ver películas en casa estaba comenzando a ser la elección favorita, dejando a muchas salas cinematográficas vacías en toda Europa y Estados Unidos: la demolición del Nuovo Cinema Paradiso para erigir un estacionamiento municipal es una de las escenas más poderosas del filme.

El tono general de la película es también elegíaco: cuando se estrenó debe haber sido fácil considerarla como una despedida definitiva a las salas de cine; imaginar que en pocos años más ninguna sala de cine local tendría la habilidad de reunir a una comunidad rural aislada, abriéndole una ventana a otros mundos.

Un cuarto de siglo después, sabemos que muchas de las preocupaciones de entonces eran más o menos infundadas: a pesar de todo la gente sigue yendo al cine, incluso ante la amenaza del monstruo de tres cabezas: el DVD, el Blu-ray e internet, además de que muchas salas independientes prosperan hoy con buen cine. Pero para Cascio, y para los numerosos fans de aquel filme, su mensaje sigue siendo muy relevante.

Cinema Paradiso se trata del poder de los sueños”, dice Cascio. “En la película vemos a la gente ir al cine a soñar: mientras ven los grandes filmes olvidan todos sus problemas. Y Totò también logra hacer realidad su sueño personal cuando se convierte en un gran director de cine. En el mundo del presente, con esta crisis que vivimos todos, tanto en la política como en la sociedad, la película nos recuerda que podemos, y debemos, seguir soñando”.