Cine Obrero: la humanidad en su máxima expresión

La falta de oportunidades laborales y las malas condiciones que ofrecen los pocos espacios que existen, han sido retraradas por las cámaras de la pantalla grande en muy pocas películas.
Película "El ladrón de Bicicletas", de Vittorio De Sica en 1948.
Película "El ladrón de Bicicletas", de Vittorio De Sica en 1948. (Especial)

Torreón, Coahuila

Uno de los problemas más longevos en cualquier sociedad, tiene que ver con la pobreza que deriva de la falta de oportunidades laborales y las malas condiciones de las pocas que existen, lo cual ha sido plasmado de manera muy precisa en pocas películas.

En esta ocasión me permito recomendarle tres películas: una de la década de los 30, otra de los 40 y una más del nuevo milenio.

Todas a su manera logran hacernos sentir la incertidumbre de la necesidad laboral.

En cada fotograma los actores principales irradian la humanidad que todos tenemos y puedo garantizar que más de uno que haya visto la película soltó algunas lágrimas.

Una de las cintas corresponde a Ladrón de bicicletas, basada en la novela homónima de Luigi Bartolini y dirigida por Vittorio De Sica en 1948.

Mayormente conocida por formar parte del Neorrealismo Italiano, corriente iniciada en la década de los años 40 tras la Segunda Guerra Mundial y que tiene como principal motivación mostrar sucesos cotidianos con una ambientación poética por su música y calidad en sus imágenes.

De ahí que Vittorio De Sica decidió ambientar la novela situada en la Roma de la postguerra y que aborda la vida de un obrero en paro que logra conseguir un trabajo pegando carteles.

La única condición para conservar esa fuente laboral es que tenga una bicicleta y que tras varios esfuerzos logra adquirir, pero para su desgracia un día mientras labora se la roban.

Para quienes no hayan visto la película quizá creerán que no vale la pena conseguirla tras leer la sinopsis, sin embargo ahí recae la magia de la música y las imágenes que esa corriente nos ofrece.

La historia tiene un argumento simple sin lugar a dudas y ahí es donde muchas veces recae el éxito, pues ese pequeño y significativo suceso puede verse reflejado en la vida moderna no nada más en Italia sino en todo el mundo.

El obrero (Lamberto Maggiorani) a lo largo de la película buscará desesperadamente encontrar su medio de transporte en compañía de su hijo (Enzo Staiola) y lo cual lo lleva a recurrir incluso a métodos poco usuales para encontrar al ladrón.

Logra dar con el responsable, pero lejos de encontrar respuestas se da cuenta de que nadie podrá ayudarle a recuperar su bicicleta y esto al final lo va orillar a hacer una acción de la que estuvo en contra y nos muestra la doble moral existente en la sociedad.

En cada fotograma los actores principales irradian la humanidad que todos tenemos y puedo garantizar que más de uno que haya visto la película soltó algunas lágrimas.

Quizá uno de los valores agregados de la cinta y el neorrealismo tiene que ver con su composición actoral, pues la mayoría de los protagonistas fueron literalmente sacados de la calle para participar en las películas.

LA COMEDIA CON CRÍTICA SOCIAL

La película que sabe mezclar a la perfección el drama de la precariedad de las condiciones laborales y la crítica social desde una perspectiva cómica es Tiempos Modernos.

Dirigida, escrita, musicalizada e interpretada en el rol principal por Charles Chaplin, vio la luz en 1936 y desde entonces y hasta el día de hoy tiene la misma vigencia por el cuestionamiento y la relación que existe entre el hombre y las máquinas para las tareas industriales.

La historia nos presenta a un obrero metalúrgico que acaba por perder la razón ante su descontrolado ritmo laboral y que termina encarcelado en una manifestación a la que llegó de manera inesperada.

Ahí termina por darse cuenta que está mejor dentro del penal, pero termina saliendo tras colaborar de manera involuntaria en frustrar un motín.

A largo de la cinta que se desarrolla a finales de la década de los 20 durante la revolución industrial, vemos el contexto precario y complejo que tienen los trabajadores de esa fábrica, así como la pretensión de reemplazarlos con equipos que generen menores costos.

Tras el conflicto, los obreros salen de la fábrica y deben recurrir al recurso de convertirse en delincuentes para sobrevivir, al igual que la mujer de la que termina enamorado Charlot, personaje inmortal de Charles Chaplin.

LA COTIDIANIDAD DE UN DESEMPLEADO

En Iberoamérica también el tema laboral ha sido tocado por algunos directores de cine, entre ellos destaca Fernando León de Aranoa y quien en el año 2002 nos trajo Los lunes al sol.

La cinta nos traslada a una ciudad costera del norte de España y donde cinco amigos perdieron su empleo en un astillero, debido a que ya no eran necesarios por no contar con la preparación solicitada para sus puestos.

En el transcurso de la historia vemos como cada uno toma a su manera la falta del empleo que por muchos años llevaron.

Algunos tratan de conseguir algo más y no lo logran. Cada actor nos trasmite esa frustración y eso le valió cinco reconocimientos durante los Premios Goya de aquel año.

En el transcurso de la historia vemos como cada uno toma a su manera la falta del empleo que por muchos años llevaron.

Javier Bardem en su papel de Santa nos presenta a un personaje que intenta mantener una postura crítica y de conformidad con el entorno pese a que todo le sale mal y José Ángel Egido como Lino quiere buscar un nuevo empleo al tratar de verse más joven aunque su temperamento no le ayude mucho.

También vemos a Celso Bugallo que como Amador nos muestra a un hombre aislado que ha dejado atrás sus esperanzas porque su mujer lo dejó.

En caso contrario está Luís Tosar, quien da vida a José, un personaje que no soporta ser dependiente de su esposa.

Pese a eso, la trama escrita por el propio director Ignacio del Moral, nos hace ver la manera en que salen adelante con sus pequeñas alegrías y rutinas.