Cine: Dioses en lucha

Un aplauso estridente para el irlandés que demostró que puede filmarse un espectáculo de esta magnitud cuando se ha adquirido la experiencia dramática y el oficio que dejan las adaptaciones ...
Final apoteósico.
Final apoteósico. (Especial)

México

Tuve oportunidad de ver la última película de Kenneth Branagh, y debo decir que me sorprendió agradablemente, pues todos los elementos que la componen son de una espectacularidad que fascina. La mítica ciudad de Asgard, con edificios como esferas que giran vertiginosamente y un puente de hielo creado por un arco iris que sirve de enlace entre el mundo divino y el de los mortales, la convierten en una metrópolis futurista; el protocolo de los acontecimientos, sustentado en las actitudes y modos de los personajes, se acercan más a la coronación de Enrique VIII.

Un aplauso estridente para el irlandés que demostró que puede filmarse un espectáculo de esta magnitud cuando se ha adquirido la experiencia dramática y el oficio que dejan las adaptaciones cinematográficas de dos clásicos de la literatura como Shakespeare y Shelley.

Los personajes de Thor no son superhéroes —y eso es mucho cuando se trata de una producción de Marvel basada en el cómic de Stan Lee—, son los dioses escandinavos que luchan por la supremacía del infinito contra los dioses del hielo. Aquí la lucha de los dioses ha evolucionado sirviéndose de una tecnología divina para crear un Mjolnir, el martillo más temible de la mitología nórdica, que tiene la posibilidad del bumerán y que nadie puede mover, ni siquiera el ejército más sofisticado, sin la voluntad de Odín.

Thor plantea que con toda la tecnología creada por el hombre no se puede hacer nada contra el mito, porque pertenece a los dioses y son inmortales e indestructibles. El equipo de guionistas juega con los mismos elementos con los que se divirtió Stan Lee: “La magia es una ciencia que no entendemos”. La cita —tomada de Arthur C. Clarke, padre de la ciencia ficción—, en boca de Jane, una astrofísica, cobra sentido porque nos da un marco de referencia que resulta emotivo por la dualidad que maneja la película.

La dualidad en el desarrollo de la película es divertida: Thor vence los obstáculos que pone el ejército para llegar hasta donde se encuentra incrustado el Mjolnir; cuando Thor intenta moverlo, se da cuenta de su incapacidad y sufre; derrotado, se deja conducir a un cuarto de interrogatorio, donde uno de los jefes lo cuestiona porque lo cree un mercenario fuera de serie que peleó en Afganistán, Irak o Sudáfrica. Los incrédulos no saben que se trata de un dios.

El final es apoteósico porque respeta su patrón dramático: los celos, la envidia, la traición y el amor también pertenecen al reino de lo divino, un mito creado por los mortales.

Thor (Estados Unidos, 2011), dirigida por Kenneth Branagh, con Chris Hemsworth y Natalie Portman.