Cine: Buen Mitote

Esta crónica, casi lujuriosa, muy bien realizada y montada, sostiene el interés por cada acontecimiento que nos mantiene en suspenso, porque tanto caos solo vaticina la catástrofe.
Crónica del melodrama trágico.
Crónica del melodrama trágico. (Especial)

México

En 2010, en un Zócalo pletórico de gente, en pantalla gigante, México se enfrenta al país anfitrión en el Mundial de Futbol en Sudáfrica; un grupo del Sindicato Mexicano de Electricistas que invade el primer cuadro protesta contra el gobierno y está en huelga de hambre; merodea la amenaza de los granaderos dispuestos al ataque; un personaje de Oaxaca, de más de 50 años, recuerda con sesuda oratoria, emulando a Demóstenes, que la única posibilidad que tenemos para que se nos escuche son los “cabronazos”, porque así fue en la Independencia, en la Reforma, en la Revolución y en el 68.

En otra parte de semejante torbellino, un chamán hace invocaciones, cura a la gente pidiendo que el dolor —o la ¿ignorancia?— se evaporen para que aprendamos a decir México, porque no se dice Méjico; la estridencia acapara la atención y los contrastes están al rojo vivo, la mirada de la zona arqueológica, vetusta pero hermosa, que yace bajo la plancha parece despertar después de siglos de silencio y oscuridad para enfrentarse a la actualidad que lacera. Es todo un mitote.

Mitote significa danza, alboroto, bulla o pendencia, fiesta alegre y ruidosa; con todas estas connotaciones se desarrolla el documental de Eugenio Polgovsky, crónica de un Zócalo atrapado por el abigarramiento del melodrama trágico que vive la sociedad actual que se obstina en sujetarse al surrealismo más recalcitrante.

Esta crónica, casi lujuriosa, muy bien realizada y montada, sostiene el interés por cada acontecimiento que nos mantiene en suspenso, porque tanto caos solo vaticina la catástrofe.

En Mitote, el primer cuadro se metamorfosea en un campo de concentración delirante, los vestigios del arte prehispánico —bien fotografiados, bellos y subyugadores— fungen como testigos de un pueblo enfurecido por la injusticia y las arbitrariedades; es un ritual que exorciza con mentadas de madre que se mezclan con la alharaca por un gol que, después, se convierte en desilusión por el sórdido empate, la posesión de los malos.

Ahí, en esos días, los merolicos son los más aguerridos, los que hacen el mejor mitote; no importa quién tiene la razón, lo importante es captar la atención por un tiempo razonable.

Solo queda aplaudir el manejo de una cámara incansable, ávida de encontrar la imagen, que evita el cliché para dejarlo a los extranjeros que, sacudidos por la pachanga, llevan la camiseta verde y puesto un sombrero de mariachi.

El excelente documental de Polgovsky es buen mitote y mucho más.

“Mitote” (México, 2013), dirigida por Eugenio Polgovsky. Documental.