Científicas del Cinvestav hacen prótesis de vagina usando ingeniería de tejidos

La cirugía de implante se aplicó en 12 pacientes que carecían del órgano desde su nacimiento.

México

En un hito médico y científico sin precedentes en el mundo, un equipo de investigadores en el que participa Esther López-Bayghen Patiño, especialista del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), logró construir vaginas a la medida para un grupo de pacientes afectadas por aplasia vaginal, es decir, que carecían del órgano desde su nacimiento.

En el trabajo, publicado en abril en la prestigiada revista médica The Lancet, el grupo evaluó el desempeño de las vaginas fabricadas mediante ingeniería de tejidos a partir de muestras de células de las propias pacientes —obtenidas de su vulva a través de biopsias—, que luego fueron cultivadas en el laboratorio.

Tras desarrollar el órgano faltante, que contiene células epiteliales y musculares, se hizo el implante correspondiente mediante cirugía en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, de la Secretaría de Salud, labor que fue coordinada por la cirujana Atlántida Raya Rivera.

López-Bayghen precisó que tras la cirugía de implante, las pacientes tuvieron un seguimiento durante más de ocho años, tiempo durante el cual se les practicaron revisiones físicas, vaginoscopias, biopsias y resonancias magnéticas. También se les aplicó un cuestionario estandarizado para evaluar su desempeño y función sexual.

“Estamos hablando de un órgano que no genera rechazo, que es ciento por ciento eficiente, pues se recuperó completamente su función y con complicaciones leves que se corrigieron mediante cirugías menores”, explicó López-Bayghen, adscrita al Departamento de Toxicología del Cinvestav.

Por su parte, Atlántida Raya Rivera precisó que hasta el momento esta cirugía se ha practicado en 12 pacientes.

“El órgano cuenta con tejido de músculo y epitelio, y el hecho de ser autólogo (de la paciente) quita el riesgo de que haya rechazo inmunológico, además de que funcionalmente es muy parecido al tejido normal”, dijo la cirujana.

Estos resultados validan la tecnología que las investigadoras mexicanas han desarrollado desde hace una década para fabricar inicialmente uretras (trabajo que obtuvo otra publicación previa en The Lancet), y que ahora está disponible para generar órganos más complejos, justamente como la vagina.

“La uretra funciona más como un tubo. Pero la vagina debe tener un componente de fuerza muscular y de contractibilidad para permitir la función sexual y la reproducción. Esto es un paso adelante que demuestra que construir estos tejidos tubulares con dos tipos de células mediadas por una matriz puede generar un órgano más complejo”, describió la investigadora.

Esta novedosa técnica también puede aplicarse en otros casos donde se haya perdido o alterado el órgano sexual femenino, como en el sarcoma vaginal en niñas o cáncer cervicouterino en pacientes adultas, según refirió Raya-Rivera.

Los órganos construidos a partir de las células tomadas de la vulva —epiteliales y musculares, que se cultivan por separado en un andamio biológico hecho con tela para cirugía— fueron alojados en una incubadora hasta madurar. Al final, el producto se enrolla y cose para formar una estructura tubular que debe adaptarse al tamaño de cada mujer.

En este caso las pacientes lograron sobrevivir a los otros problemas asociados con el síndrome de Mayer-Rokitansky, pero al llegar a la pubertad tuvieron otro más: la acumulación de sangre menstrual en el útero porque carecían del conducto vaginal.

“Se han usado otras técnicas para tratar de sustituir la vagina o para canalizar el flujo menstrual, pero ninguna ha logrado mantener la comunicación entre el útero y el exterior durante toda la vida, lo cual ahora es posible al regenerar con esta técnica al órgano y su función”, destacó López-Bayghen. 

“Al final no se nota diferencia alguna entre el tejido de la vulva original (de donde se toma la muestra) y el de la nueva vagina, pues la integración es al ciento por ciento”, concluyó la investigadora.

Claves

Las beneficiadas

- Las 12 pacientes beneficiadas con el implante —con edades de 13 a 18 años— carecían de la vagina a consecuencia de un padecimiento congénito llamado síndrome de Mayer-Rokitansky.

- Esta enfermedad está catalogada como rara, pues afecta a una de cada 5 mil mujeres desde que nacen. El síntoma principal del síndrome es la falta de menstruación primaria.

- La técnica de reconstrucción utilizada también puede aplicarse también en otros casos donde el cáncer, lesiones u otras anomalías congénitas hacen necesario regenerar dicho tejido.