[Guía visual] Darwin: el arbolito evolutivo

En 1859, se agotó en un solo día el libro El origen de las especies, nada menos que mil 250 ejemplares.
No imaginaron que Darwin escribiría en secreto sus ideas sobre la evolución por selección natural.
No imaginaron que Darwin escribiría en secreto sus ideas sobre la evolución por selección natural. (Cortesía)

Ciudad de México

“Es como confesar un asesinato”

El 12 de febrero de 1809, 101 años antes de que los mexicanos nos independizáramos de la Corona Española, nació en Shropshire, Inglaterra, un bebé destinado, nadie lo sabía aún, a realizar una gran empresa. Los presuntamente felices padres no imaginaron el conflicto que muchos años después le causaría a su hijo, en 1844, esbozar su ahora célebre teoría sobre las especies. Ni por asomo pensaron que su hijo atentaría, con su Teoría de la evolución y selección natural, contra las creencias religiosas de la familia. Menos imaginaron que Darwin, el segundo hijo varón que sacaba malas calificaciones, escribiría en secreto sus ideas sobre la evolución por selección natural. Un viejo cuaderno suyo lo atestigua con un sencillo: “Yo pienso”. (Tan secretamente que pediría a su mujer “Por favor, publícalo cuando muera. Antes no”.) Bueno, eso imagina esta cronista. De hecho –esto si es comprobable-, el botánico Joseph Hooker, recibió una carta suya, seguramente inquietante, en le confiaba el lío que había hecho él solito al subvertir sus propia fe. Fue cuando Charles Darwin escribió para la inmortalidad el famoso “Es como confesar un asesinato”. ¿Un asesinato? Pero por supuesto: Darwin sabía hasta dónde estaba llegando. Y la neta: ¿A quién le gusta que sus ideas, aquellas en las que funda su ego y súper yo y todo eso tan absurdo y tan pedante que nos rige a todas horas, sean combatidas con argumentos imbatibles?

¿Arbolito evolutivo?

Darwin se casó ya grande para la época, en 1839, con Emma Wedgwood, una muchacha dura de gesto mas bonita (al menos en la fotografía más conocida). De diez hijos que procrearon, sólo la primogénita murió, un record entonces. ¿Cómo habrá sido su relación amorosa? Sin caer en la tentación de “googlearlos” imagino a una admiradora incondicional a su marido, una Emma nada mocha a quien le valía que su Charles se fuera con todo contra la idea de que Dios creó a Adán, hurgó en sus costillas, y dio vida a Eva. Chira, ¿no? Eran primos pero eso no era importante en aquel entonces. En 1837, dos años antes, dibujó un arbolito evolutivo en su cuaderno. Ahí anotó, ya lo advertimos antes, “Yo pienso”. Uno ve el dibujito en el Museo de San Ildefonso y, si va con ánimo agrio, lo que encuentra es un arbolito dibujado por un infante, como dijo una señora ensombrerada el día que fui a ver la extraordinaria exposición sobre Darwin que será clausurada en septiembre. Ya lo dijo Ery Cámara, el curador de San Ildefonso, en una conferencia de prensa: “Es una exposición muy generosa en cuanto a la información que proporciona sobre la gestación del libre sobre el origen de las especies. Lo que más impresiona al público es la profusión de especímenes que Darwin estudió”.

“Darwin, apto para todas las especies”

Dividida en diez temas, sin olvidar el mundo anterior al del naturalista genial que nos ocupa, ni su estudio en donde pueden verse los primeros insectos que recolectó, la muestra sirve para conocer detalles. Por ejemplo, sobre la etapa en que Darwin afinó su teoría en Londres, la ciudad en donde estaban los naturalistas más prestigiosos, o el recorrido por todo el mundo que hizo, a los 22 años, a bordo del HMS Beagle. La observación rigurosa de los ruiseñores de las Islas Galápagos lo llevó a escribir: “Si existe la más mínima base científica para que estas anotaciones en zoología de los archipiélagos, las cuales examinaré a profundidad; tal base podría minar la estabilidad de las especies”.

Agotado en un día

Manuscritos, artefactos, especímenes… Todo está en esta exhibición realizada gracias a importantes museos internacionales: el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York en colaboración con el Museo de Ciencia de Boston, el Museo Field de Chicago, el Museo Royal Ontario de Toronto y el Museo de Historia Natural de Londres. Ahí nos informan cómo, en 1859, se agotó en un solo día su libro El origen de las especies, nada menos que mil 250 ejemplares: “Para Darwin ningún animal era superior a otro (porque) el ser humano era un animal (…), una especie que compartía un ancestro común con el resto, sólo que había evolucionado”. La biología moderna nació con Darwin, y le costó ser ridiculizado. Compruébelo usted mismo recorriendo esta muestra en donde esqueletos de reptiles, mamíferos y aves, interactivos y videos también tienen un importante papel.