En Chapultepec, 'El lago de los cisnes' inició entre ratas

Diana Angelini es la única intérprete que ha estado en todas las ocasiones que la clásica obra de Tchaikovski se ha montado en la isleta del bosque.
“Teníamos asesoría cubana; ellos vivían una gran época en la danza clásica”.
“Teníamos asesoría cubana; ellos vivían una gran época en la danza clásica”. (Jesús Quintanar)

México

El 16 de abril de 1977, la Compañía Nacional de Danza (CND) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) debutó en la isleta del lago del Bosque de Chapultepec; presentó El lago de los cisnes. El director de la agrupación era el ingeniero Salvador Vázquez Araujo, y entre sus maestros estaban Jorge Cano, Isabel Ávalos y Claudia Trueba.

Entre el cuerpo de baile había una joven de 16 o 17 años, delgada y nerviosa, pero segura de que el ballet era su mayor pasión y a lo que quería dedicarse el resto de su vida. Nadie se imaginaría que 37 años después de aquel estreno, esa mujer sería la única bailarina mexicana en haber estado en todas las representaciones que la CND ha hecho de la coreografía de Julius Reisinger, con música de
Piotr Ilich Tchaikovski.

A unos días de que se estrene nuevamente la obra en el Bosque de Chapultepec, Diana Angelini platica con MILENIO sobre el significado de haber estado en cada una de las representaciones, de sus personajes y algunos de los secretos que rodean la historia de la compañía alrededor de este montaje.

¿Qué ha significado en su carrera El lago de los cisnes?

Es algo importante en mi vida. Fue uno de los primeros ballets que empecé a hacer cuando entré a la compañía, y es en el que nunca he dejado de estar, ya sea bailando, interpretando papeles de carácter —es decir, en los que no se usan zapatillas de puntas— o dirigiendo al cuerpo de baile.

¿Es el ballet más importante en su trayectoria?

Sí. Fue el primer ballet en el que me puse lo que más deseaba en la vida: el tutú. Teníamos asesoría cubana; ellos vivían una gran época en la danza clásica. Incluso el gobierno mexicano les dio a varios bailarines una serie de becas para irse a estudiar a Cuba, pero mis padres no me dejaron viajar. Toda esa asesoría era dentro de un teatro. Fue unos años después cuando se pensó llevar El lago de los cisnes al Bosque de Chapultepec. Los bailarines solíamos preguntarnos: "¿Cómo vamos a hacer para bailar en puntas al aire libre?".

¿Cuál fue el papel de El lago de los cisnes que más le gusta y cuál es el que más ha interpretado?

El personaje que más interpreté fueron los dos cisnes blancos, y me hubiera gustado mucho bailar el cisne negro, personaje que me gusta porque es fuerte, tiene un carácter como el mío. He hecho todos los papeles.

¿Fue complicado pasar de un teatro cerrado a la isleta del Bosque de Chapultepec?

Sí. Nosotros ensayábamos en la Academia de la Danza, que era la única escuela que existía en esa época. Recuerdo que mientras nos preparábamos para presentarnos en el lago de Chapultepec nos dijeron que nos teníamos que cambiar en ese lugar, porque en la isleta no había nada. Nos subieron a un camión, nos cubrieron con plástico las zapatillas para que no se nos mojaran y nos llevaron al bosque. Fue horrible. En esa época había muchas ratas, y fue impresionante verlas bucear en el lago. El sitio estaba lleno de tierra, no como ahora que se encuentra pavimentado. Para evitar que nos lastimáramos pusieron varios tablones por donde caminamos. A pesar de todo tuvimos mucho éxito: había colas para vernos. Solo nos presentamos viernes, sábado y domingo de tres semanas.

¿Recuerda qué cambió el segundo año que estuvieron en el bosque?

Nos pusieron camerinos y mesita con café. Pero seguía el problema con las ratas; tuvieron que mandar a fumigar. A veces te ponías el vestuario de la corte y la rata salía de adentro. Uno terminaba preguntándose: "¿Qué demonios es esto?". Sufrimos bastante. Yo venía de una familia fresa, fresa con crema, y solía decirme: "Si mi papá ve esto, se muere". Ahora me río. Teníamos tantas ganas de bailar; amábamos la danza. No nos importaba si nos pagaban, o las condiciones que había a nuestro alrededor, solo queríamos bailar.

¿De quién fue la idea de pasar El lago de los cisnes del Teatro de Bellas Artes al Bosque de Chapultepec?

Del ingeniero Salvador Vázquez Araujo.

¿Nunca se arrepintió?

Creo que sí. De hecho, como la compañía en aquella época tenía poca gente, él actuaba en la coreografía. Además subía al escenario a nuestros novios y familiares para que fueran parte de la obra. Era momentos en los que hacíamos de todo, casi zurcíamos la ropa.

¿Su familia la apoyó para que fuera bailarina?

De hecho no. Mi abuelo era concertista, director de orquesta. Él convenció a mi mamá de que tomara clases de alguna disciplina artística. Sin embargo, dedicarme de tiempo completo a esta disciplina no estaba en sus planes: yo tenía que hacer otras cosas o casarme con un buen partido. Una vez que fui seleccionada por la CND y que mis papás se opusieron a que bailara, hice un berrinche encerrándome dos días con llave en mi cuarto, hasta que mi papá me dijo que me iban a dar chance de entrar a la agrupación.

¿Es una carrera que requiere de mucho carácter?

Sí, como en todas. Solo que en ésta hay un elemento más: el arte y todo lo que hay a su alrededor. Debes tener mucha disciplina; no me esperaba a que los maestros me dijeran qué tenía que hacer, sabía cuáles eran los ejercicios que debía realizar. Cuando escuchaba las correcciones que hacían, me acordaba y las trabajaba sola.