Cerro de Trincheras, única zona arqueológica de Sonora abierta al público

El sistema de viviendas proporciona información de una sociedad compleja y estratificada, lo que desmiente que al norte del país solo había nómadas.

Hermosillo

Rompieron con la tradición de Mesoamérica: grupos recolectores y cazadores prehispánicos que habitaron en el desierto de lo que hoy es Sonora le sacaron provecho a la naturaleza y adecuaron un cerro volcánico a sus necesidades de sobrevivencia.

A diferencia de las civilizaciones desarrolladas al sur del territorio nacional, como la maya o la mexica, las que levantaron construcciones piramidales monumentales, los antiguos pobladores del norte de México, en particular los de la parte central del Valle de Magdalena, optaron por construir una especie de enorme unidad habitacional sobre la ladera norte del llamado Cerro de Trincheras, integrada por alrededor de 900 terrazas construidas con muros de piedra volcánica.

Lo sorprendente es que para levantar los muros de las terrazas colocaron una piedra sobre otra sin utilizar ningún tipo de argamasa o “cementante” para fijarlas. La coautora del libro Entre muros de piedra. La arqueología del Cerro de Trincheras, Elisa Villalpando, afirma que “es posible que hayan construido sus casas en este estilo abierto que permite la circulación del aire, ya que estas características son perfectas para las condiciones climáticas del desierto de Sonora”.

Este grupo, que se desarrolló de 1300 a 1450 de nuestra era, en el periodo Prehispánico Tardío, se apropió de la naturaleza y seccionó el cerro por niveles, como si lo estratificara; sin embargo, quien lo ve a lo lejos puede pensar que se trata de trincheras utilizadas en enfrentamientos bélicos, como le ocurrió al capitán Mateo Manje, acompañante del padre Francisco Kino, quien, a lo lejos, confundió las terrazas con trincheras y comentó que seguramente estaba ocupado por pobladores belicosos, lo cual no era cierto, porque para ese momento ya nadie lo habitaba.

CONTRA EL MITO

La zona fascinó en el pasado y también en el presente a sus observadores. En este espectacular sitio natural se desarrolló una de las culturas prehispánicas del norte del país, que ofrece un importante testimonio arqueológico y arquitectónico. Es un lugar de más de 100 hectáreas de superficie y de unos 170 metros sobre el nivel del valle circundante, que ha sido estudiado por casi tres décadas tanto por arqueólogos mexicanos como estadunidenses, y todavía ofrece muchas incógnitas por descubrir, ya que aquí habitaron aproximadamente mil 500 personas.

La zona arqueológica Cerro de Trincheras, apenas abierta al público en 2011, es uno de los ejemplos de los cerros con trincheras que más bien son cerros con terrazas, destaca el director del Centro INAH Sonora, el antropólogo José Luis Perea.

Esos fueron sistemas de ocupación muy común en el noroeste de México y Estados Unidos; existen varios de estos sitios, pero el Cerro de Trincheras, en Sonora, con 700 años de antigüedad, es el más importante de todos, debido a sus enormes dimensiones y porque es el sitio donde se han encontrado más evidencias arquitectónicas y arqueológicas, añade.

Estas evidencias sepultan el mito de que en el norte de México los pobladores eran nómadas, lo cual no fue así, ya que las evidencias revelan que la sociedad en el noroeste era compleja y estratificada.

El Cerro de Trincheras era multifuncional, ya que se construyeron plataformas habitacionales de unidades domésticas; cada unidad pudo haber ocupado una o más terrazas, e incluía al menos una casa de ramas y barro, una enramada y, a veces, un cuarto circular o cuadrangular con muros de piedra y una superestructura de tipo jacal. Además de estas estructuras de carácter doméstico, estaban las áreas de producción, en las que los artesanos elaboraban ornamentos en concha, y las de cultivo, donde se daban el maíz, el algodón y el agave, según refiere Elisa Villalpando Canchola, responsable del Proyecto Cerro de Trincheras.

ARTE RUPESTRE

Al recorrer el sitio, el arqueólogo Adrián López Dávila, director de la zona arqueológica del Cerro de Trincheras, explica que, de acuerdo con los trabajos de exploración emprendidos hace más de dos décadas, se sabe que a las faldas del cerro se encontraba La Cancha, área pública donde se concentraba el común de la población.

Mientras avanza, muestra un ejemplo del arte rupestre, que significó una forma de comunicación entre los grupos humanos: un petrograbado, de los que existen en las rocas del cerro, algunos de los cuales tienen diseños aislados y otros forman conjunto de animales, grecas y representaciones humanas. A medio camino se topa con El Mirador, que ofrece una vista espectacular del sitio, por lo cual era un lugar destinado para la élite, ya que desde ahí  se podía dominar el horizonte y saber quién llegaba y quién salía.

Al llegar a la cúspide del cerro, el director de la zona camina hacia una estructura conocida como El Caracol, un sitio ceremonial donde al parecer se realizaban algunos rituales a los cuales solo unos cuantos accedían “por la dificultad para llegar a la cima y por las características del lugar: se ha encontrado una serie de elementos que así lo hacen suponer”.

CERÁMICA

Adrián López Dávila recuerda que en agosto de 2008, cuando se realizaba una excavación para colocar un poste de energía eléctrica para el Centro de Visitantes, se localizaron vestigios de un cementerio, a 10 centímetros de profundidad. Este hallazgo les permitió a los investigadores conocer más de los rituales y del tratamiento funerario que daban a sus ancestros.

En las exploraciones recientes se encontraron vasijas en pedazos, detalla el arqueólogo, así como fragmentos de tepalcates que fueron recuperados y restaurados en los talleres del Centro INAH Sonora. Algunas de estas piezas de cerámica estaban decoradas y otras sin ningún adorno, pues se sabe que la cultura trincheras, durante la época prehispánica, tuvo relación de intercambio con grupos vecinos, habitantes de la costa y del otro lado de la sierra.

Al mostrar las vasijas ya restauradas y próximas a exhibirse, el especialista indica que también se localizaron ornamentos en concha que usaban para ofrendar a sus ancestros; entre las piezas encontradas hay collares, pulseras, brazaletes, anillos e instrumentos de piedra, manos de metate, cuchillos, raspadores, machacadores y metates para moler el maíz.

Claves

Destrucción trunca

- La zona arqueológica Cerro de Trincheras forma parte de la identidad de los sonorenses, después de que en 1948 el entonces presidente municipal de Trincheras, Edmundo Sierra Márquez, denunciara que elementos de la División del Ferrocarril Sonora-Baja California se encontraban demoliendo las ruinas arqueológicas.

- Ocurrió que las piedras que habían sido parte de las terrazas prehispánicas del Cerro de Trincheras estaban siendo utilizadas en la construcción de las vías del tren; sin embargo fue con la denuncia a escala nacional como se logró frenar la destrucción de los restos arqueológicos.

- Cerro de Trincheras es la única zona arqueológica abierta al público en el estado de Sonora, que da cuenta de la historia arqueológica del territorio de la entidad.