Tlatelolco desmentido

Guía visual.
Tlaltelolco
Tlaltelolco (Adam Wiseman)

Ciudad de México

Tlatelolco, como comunidad, vive una especie de resurgimiento cultural. Y en buena medida, el Centro Universitario Tlatelolco (CUT) es el responsable. Ubicado en donde antes estuvo la Secretaría de Relaciones Exteriores y cuya célebre Torre distingue las noches defeñas por la instalación lumínica, una especie de malla cubriendo los cuatro lados de la construcción, que al encenderse viste la torre de rojos y azules. Su autor es Thomas Glassford, artista texano residente en México desde hace más de 20 años. Su intención es recordar, a un costado de la Plaza de las Tres Culturas, donde ocurrió la matanza de estudiantes de 1968, a Xipe Totec, “Nuestro Señor el Desollado”, dios prehispánico que se deshizo de su piel para alimentar a su gente.

 

Crónica como antídoto

No había vuelto a Tlatelolco desde que fui, en 2008, a ver el Memorial del Movimiento Estudiantil de 1968 —instalación multimedia con fotografía, video, cine y audio además de objetos y documentos— y a conocer la colección de pintura de Andrés Blastein, que estuvo ahí hasta 2012 en que fue desterrada del CUT. Este 2014 volví no solo a dar una clase magistral de crónica a la gente del barrio, con 150 asistentes que dan cuenta de la actividad cultural comunitaria, sino como jurado, con otros dos colegas, del concurso “La crónica como antídoto”, con el tema de Tlatelolco por su 50 aniversario, y para impartir un curso intensivo a los galardonados. Una lectura de casi 70 crónicas participantes, otra evidencia del gran espíritu comunitario que ha existido en esta célebre Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, construida en 1964 por el arquitecto Mario Pani, influido por Le Corbusier, para crear una ciudad dentro de la Ciudad de México. En su momento, la Unidad fue una pequeña urbe autónoma con iglesias, escuelas primarias y secundarias, ruinas propias, por decirlo así, tiendas de abarrotes e incluso una pista para correr descrita en la original crónica de J. C. Guinto “Ciudad espejo”, que obtuvo el segundo lugar. Cuatro años después, cuando ya vivían ahí los miembros de una clase media aspiracional a tono con la modernización de la capital del país, ocurrió la matanza del 68 en la que tantos estudiantes murieron ominosamente.


Memoria indigente

En otra de las crónicas premiadas, la del tercer lugar de Gustavo Cantú (“Un complejo muy complejo”), aparece “Carlos”, quien pasó más de 40 años en la cárcel por su participación en el movimiento estudiantil. El autor nos revela su mundo lastrado de recuerdos —está ciego, perdió a su familia y vive como indigente en Tlatelolco—. En este lugar, la tragedia ajena al 68 o al 85 ha tocado también a individuos como el adolescente Jorge, asesinado a media calle por otro estudiante, frente a la indiferencia de los transeúntes, como se lee en la reconstrucción cronística de Jonathan García, ganador del primer lugar con “Silencio en Tlatelolco”.


Edificio Chihuahua

Y es precisamente una parte de esta comunidad, la del Edificio Chihuahua tan marcado por el 68, la que permitió al fotógrafo Adam Wiseman —hijo de estadunidense y escocesa criado en México— realizar en febrero pasado no solo una especie de coreografía de luces que puede verse en su sitio (http://tlatelolcoproject.com/#/tlatelolco-time-lapse ), sino el proyecto “Tlatelolco desmentido”, con imágenes del exterior del Chihuahua como de decenas de departamentos habitados (véase arriba). En septiembre este interesante trabajo se exhibirá parcialmente en la Galería Patricia Conde, como parte del Gallery Weekend México de la revista Código. Estén atentos y, por lo pronto, visiten el sitio arriba indicado. Además de fotos y videos encontrarán una historia sucinta de la Unidad y el porqué del interés de Wiseman en ella. “Tlatelolco desmentido es a la vez un paisaje urbano y el retrato de una comunidad, creado con la colaboración de más de 100 vecinos del Edificio Chihuahua, documentado con fotografías y video. […] Después del terremoto el complejo urbano se transformó: la piel de los edificios, unos grandes paneles que daban una elegante y uniforme forma cuadrada al conjunto, fueron retirados al descubrirse que eran de material altamente inflamable”, explica el autor.