Céleste Albaret, la doncella de la casa Proust

Proust era un hombre que siempre estaba enfermo, el asma lo ataba al lecho. Pero también era alguien decidido, alguien a quien no le gustaba esperar.
Céleste Albaret
Céleste Albaret (Archivo)

Ciudad de México

Una de las personas que más interactuó con Marcel Proust fue su camarera Céleste Albaret, quien trabajó para él de 1913 a 1922. Proust decía que era una de esas personas del campo voluntariamente ignorantes, que no habían aprendido nada en la escuela, y cuyo lenguaje tenía, sin embargo, algo muy literario. Se dice que Proust tomó el habla de su doncella para dárselo al personaje de Françoise. Céleste, otro lado, admite que fue Proust quien la modeló como persona, pues aún era joven e ignorante, una chica sin historia que se apegó a él como un niño a su madre.

Según la doncella, Proust era un hombre que siempre estaba enfermo, el asma lo ataba al lecho. Pero también era alguien decidido, alguien a quien no le gustaba esperar. Sabía lo que deseaba, y lo que más le importaba en la vida era su obra.

Como empleada fue abnegada en la medida en que Proust fue heroico al escribir sus libros desde el lecho. Durante diez años no durmió de noche, permanecía al pendiente del autor que prefería la noche para escribir. Solían hablar tres o cuatro horas, y Proust le contaba todo sobre sus libros, los personajes, cómo lo inquietaba cada uno de ellos. Pero sobre todo le contaba su agitada vida social, las recepciones, los salones, y se volvió un poco la confidente. De hecho, ella asegura que tanta vida social era solo para buscar personajes y estudiarlos. En realidad, la vida de Proust era triste, una vida de sombras pues la casa permanecía a oscuras casi siempre. Céleste Albaret nunca leyó a Proust, pero irónicamente es una de las personas que tal vez han comprendido mejor sus libros.