Celebran un siglo de "Dublineses" con una versión mexicana

El Seminario Permanente de Traducción de la Facultad de Filosofía y Letras realizó una edición del libro de Joyce para la colección "Nuestros Clásicos".
James Joyce (derecha), con George Clancy (centro) y J. F. Byrne.
James Joyce (derecha), con George Clancy (centro) y J. F. Byrne. (Especial)

México

Luego de incontables problemas con la censura, por los que el libro llegó a ser impreso y destruido, James Joyce publicó Dubliners, su colección de relatos, en junio de 1914. Ha circulado en nuestra lengua como Dublineses y Gente de Dublín, con traductores peruanos, argentinos, cubanos y españoles: Luis Alberto Sánchez, Óscar Muslera, Guillermo Cabrera Infante y Eduardo Chamorro. El Seminario Permanente de Traducción Literaria, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, preparó una versión mexicana que formará parte de la colección Nuestros Clásicos, que será presentada durante una jornada celebratoria de los cien años de ese título.

El prólogo fue hecho por Hernán Lara Zavala, mientras que Flora Botton-Burlá fungió como la responsable del proyecto. Ella explica: “No se trata de que la traducción esté llena de mexicanismos. Traducir una obra como Dublineses para que solo la pueda leer alguien en Colima es un poco absurdo. La idea es evitar ese excesivo españolismo o argentinismo del que suelen pecar las traducciones a la mano. Al hacer un Dublineses mexicano buscamos que se pueda leer en Honduras, por ejemplo; no excederse en regionalismos, lo que limitaría la traducción, y tampoco recurrir demasiado a expresiones castellanas”.

Los relatos fueron repartidos entre los miembros del seminario; posteriormente todos revisaron y afinaron el resultado de su trabajo. Botton-Burlá, quien tradujo “La casa de huéspedes” y “Una nubecita”, dice: “Hasta cierto punto las traducciones son de todos porque las discutimos en el seminario. No es que se traduzca por consenso, la última palabra la tiene el responsable del texto, pero conocemos el trabajo del otro y hemos opinado sobre él”.

—¿Cuál fue el resultado?

—Una versión muy interesante de Dublineses, muy legible, espero, en todo el ámbito hispánico. Su mexicanidad, en este caso, consistiría en su universalidad para ese ámbito.

—Es el primer ejercicio narrativo de Joyce y no tiene la complejidad de la obra posterior…

—Aunque sí la hay. El lenguaje de Joyce, para mí, fluye, pinta, muestra a sus personajes y a la ciudad, me hizo buscar mapas de Dublín para seguir un trayecto… Eso quizá no influyó directamente en la traducción pero sí en la comprensión del relato, para poder, hasta donde fuera posible, reproducir la manera en que cuenta Joyce. Si está siendo llano y a veces hasta muy coloquial, hay que decirlo así, no literaturizar demasiado en un lenguaje más elevado y culto que el original, como ocurre en una versión francesa que revisé.

Epifanías

Argentina Rodríguez, por su parte, eligió “Arabia” y “El Día de la Hiedra en la Sala del Comité”. La especialista califica al conjunto como una traducción precisa, cuidadosa, esmerada, en la cual se buscó el apego a una prosa mexicana, pero sin ser excesivamente localistas, insiste, como sí suelen serlo los traductores españoles.

Dublineses constituye un parteaguas en la literatura”, asegura Argentina Rodríguez, “por esa fusión que hace James Joyce del lenguaje poético con expresiones realistas, crudas, sórdidas, y cómo puede llegar a esa excelsitud que es la epifanía a través de esa fusión, como bien lo reconoció Ezra Pound. Rompe mucho con la tradición decimonónica del cuento. Fueron relatos difíciles para su publicación, Joyce batalló mucho con ellos, y fueron también muy incomprendidos. Se necesitó toda una gama nueva de lectores para entenderlos. En ellos no sucede mucho, la peripecia, la aventura, no es lo que sostiene al cuento; y a la vez ocurre todo”.

—El concepto de “epifanía” da sustento a la obra…

—Eso es interesante. Recuerdo lo que decía Stanislaus, el hermano de Joyce, de que su hermano andaba por la ciudad con su famoso cuaderno negro en donde anotaba las epifanías. Se trata para Joyce de esto: que de la vulgaridad de la vida, lo más bajo, lo más sórdido, surja una revelación. También valoro la estructura del libro: el primer cuento, “Las hermanas”, habla de la muerte, vista desde la perspectiva de un niño; y el último texto es “Los muertos”, un cuento magistral, uno de los grandes cuentos de la lengua inglesa, que en realidad habla de la vida, donde el protagonista, Gabriel Conroy, se vuelve a ver, o sentir, como en la infancia. Percibo en ello cierta circularidad.

Los otros traductores de la obra fueron: Charlotte Broad (“Eveline”), Marina Fe (“Después de la carrera” y “Dos galanes”), Mónica Mansour (“Un caso lamentable”, “Una madre” y “Los muertos”), Mario Murgia (“Las hermanas”, “Contrapartidas” y, con Flora Botton, “Un encuentro”) y Federico Patán (“Arcilla” y “Gracia”).

Esta primera traducción mexicana de Dublineses será presentada el 27 de octubre en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.  


Centenario

El 15 de junio de 1914 fue publicado Dublineses.

El libro reúne 15 relatos cortos.

James Joyce escribió la obra a los 32 años de edad.