Celebran la obra pianística de Ricardo Castro

Sus valses, mazurcas, polonesas, preludios e impromptus serán interpretados en ocasión de su 150 aniversario.
Todas las piezas de Castro fueron grabadas por Merino.
Todas las piezas de Castro fueron grabadas por Merino. (Especial)

México

El pianista Armando Merino es categórico cuando afirma que “Ricardo Castro (1864-1907) es considerado el compositor más importante del siglo XIX. Pero no solo eso: también es el pianista más relevante y fue el único que se aventuró en formas musicales que no se usaban en nuestro medio: tiene una sinfonía, un poema sinfónico, óperas, canciones, obras de cámara y piezas para piano”.

Al contrario de algunos otros autores de su época, la obra de Castro para piano “no está dirigida al pianista aficionado, sino al profesional”, indica Merino en entrevista con MILENIO. “Son obras muy difíciles y que requieren el trabajo de un pianista que estudia cuatro o seis horas diarias. Además, compuso el primer concierto para piano y orquesta en México y de los primeros que se hicieron de chelo y orquesta”, agrega.

Sobre su trabajo como pianista, Merino sostiene que Castro “es el primer concertista de nuestra nación. Es el primero que tocó un repertorio de altos vuelos, el primero que fue a tocar a Estados Unidos: a los 16 años participó en una feria internacional en Nueva Orleans como representante de México, lo que lo conectó para tocar meses después en Nueva York, Filadelfia y Washington. Cuando Porfirio Díaz lo becó a través del secretario de Educación Pública, que era Justo Sierra, lo mandaron a Europa tres años, por lo que tocó en Francia y Bélgica, donde estrenó sus conciertos de piano y chelo. También fue el primer pianista nacional que hizo una gira por la República mexicana y consiguió que la Casa Wagner y Levin le prestara algunos pianos, y donde no los había se encargaba de llevarlos”.

Con motivo de los 150 años del nacimiento de Castro, que se cumplen el siete de febrero, Armando Merino presentará ese día un recital con su obra en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 19:00 horas. Pero el sábado primero de febrero también tocará el mismo programa en el Antiguo Palacio del Arzobispado a las 12:00 horas, que incluirá obras como Valse capricieuse op. póstumo, Mazurca op. póstumo, Nocturno op. 48 y Étude de concert op. 20 núm. 2.

La obra pianística del compositor nacido en Durango fue muy intuitiva y autodidacta, considera Merino. “Fue estudiante del Conservatorio de Música, pero lo dejó muy joven y se dedicó a la composición y a tocar, en mucho, sus obras. Tiene una gran producción pianística y sus composiciones estaban de acuerdo con lo que sucedía en la sociedad mexicana. Tienen 22 valses, mazurcas, polonesas, preludios, impromptus, todas estas obras escritas a manera de los primeros románticos en Europa, la escuela de Chopin y Liszt, que de alguna manera son también su escuela pianística”.

El catálogo de Castro, agrega, “se compone básicamente de obras cortas. Algunas
caen dentro del aspecto de la música de salón, que estaba tan en boga, pero pianísticamente no lo son, porque son muy complicadas. Todavía hay muchas obras de piano por grabar. Dos colegas ya editaron cada uno un disco con obras de Castro, Eva María Zuk y Silvia Navarrete. Yo hice la investigación de sus valses y grabé Capricho. Los valses completos de Ricardo Castro. Antes del disco yo pensaba que eran seis, porque fueron los que conocimos durante 50 años, porque los había grabado Miguel García Mora; gracias a esos valses y otras obras que registró el maestro, conocimos a Castro.”

En las notas del programa de sus conciertos, Merino escribió sobre el homenajeado: “En el ámbito de la música mexicana, el arribo del 2014 marca de manera por demás gozosa el aniversario número 150 del natalicio de Ricardo Castro, el compositor y pianista mexicano más importante del siglo XIX. De escritura original, con influencia francesa, pero con sabor indiscutiblemente nacional, su música refleja de manera nítida el ambiente refinado y elegante de la moderna sociedad mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX, durante la época del Porfiriato. Su estilo corresponde, asimismo, en tiempo y forma con el modernismo en la poesía y con el art nouveau en las artes decorativas y posee de manera natural los principios estéticos de estas dos corrientes sobresalientes y emblemáticas”.