ENTREVISTA | POR JOSÉ JUAN DE ÁVILA

El especialista holandés habla sobre el futuro y los riesgos de la tecnología, y de cómo aplicar la ética de los derechos humanos al mundo virtual.

Cees J. Hamelink: La vida como ciencia ficción

El investigador holandés Cees J. Hamelink.
El investigador holandés Cees J. Hamelink. (Omar Meneses)

México

El investigador holandés Cees J. Hamelink, uno de los principales analistas mundiales de las tendencias de la información, promotor de la democratización de estas tecnologías y de una ética en ellas basada en los derechos humanos, ve que de alguna manera la humanidad está viviendo dentro de una novela de ciencia ficción, pero con más ciencia que ficción, y que en un futuro próximo convivirá por primera vez con una nueva especie inteligente, más inteligente que el homo sapiens y con memoria ilimitada, los cíborgs, con quienes habrá que aprender a coexistir y cooperar.

Al igual que sociólogos como el polaco Zygmut Bauman o el filosofo inglés John Gray, quienes ponen en entredicho la idea de progreso, el autor de La ética del ciberespacio advierte sobre los peligros de confiar en la tecnología sin discutir siquiera qué tan confiable es. Cuestiona el discurso de los gobiernos de que las tecnologías de la información acortarán la desigualdad social o traerán más democracia y libertad a la gente. En cambio, señala, en el ciberespacio todo termina siendo transparente y hay que repensar totalmente el concepto de privacidad, pues a medida que la tecnología avance, habrá mayor invasión a nuestra privacidad y mayores posibilidades de control y espionaje estatal.

Analiza el escenario de lo que llama la disneyficación y macdonaldización

El gobierno rastrea el uso de celulares, y si esto puede ser una ayuda también es un riesgo”

de la cultura impulsada por Estados Unidos y en particular por el cine de Hollywood así como la creciente publicidad en el ciberespacio, donde las personas dejaron de ser llamadas “ciudadanos” para convertirse en “clientes”.

De visita en México, donde participó en enero pasado en el Coloquio Internacional Improvisar en tiempos atroces, organizado por “17, Instituto de Estudios Críticos”, el catedrático de comunicación internacional de la Universidad de Ámsterdam y jefe de redacción de la revista de estudios de comunicación Gazette habló con Dominical MILENIO, entre otras cosas, sobre su libro del año 2000, La ética del ciberespacio, apenas traducido al español por Siglo XXI, editorial que también planea traducir este año Media and Conflict y Global Communication, para sumarlos así a la bibliografía de este autor en español que ya incluye La aldea transnacional. El papel de los trusts en la comunicación mundial (Gustavo Gili, 1981), Hacia una autonomía cultural de las comunicaciones globales (Ediciones Paulinas, 1983) y Finanzas e Información (Nueva Imagen, 1984).

¿Hay caos en el ciberespacio?

Sí, pero no más que en el mundo real. Nuestras sociedades están en caos y el ciberespacio de alguna manera refleja lo que pasa en el mundo normal. Es lo que dice el libro de George Orwell (1984). Nosotros ahora no solo vivimos en el mundo real, sino también en el virtual, y ambos son muy parecidos.

¿Cómo puede lograrse un ciberespacio menos caótico que el mundo real?

En un sentido no se puede, lo aceptamos como es en el mundo real: igual peleamos guerras, somos golpeados por el crimen, pero también hay vigilancia e invasión de la privacidad en el ciberespacio. Escribí La ética del ciberespacio preguntándome si sería posible aplicar los principios de los derechos humanos en el ciberespacio, si deberíamos aplicarlos de la manera en que lo hacemos en el mundo real, también en el ciberespacio, porque mucha gente vive más tiempo en el ciberespacio que en el espacio real. Para mucha de esa gente vivir en el ciberespacio es la realidad. Los niños pasan horas y horas en juegos de computadora y muchos adultos igual, con sus teléfonos celulares, viven en el ciberespacio.

¿Estamos viviendo en una novela de ciencia ficción?

De cierta manera sí, pero tenemos que acepar que está deviniendo más ciencia que ficción. Inicialmente cuando ves una película de ciencia ficción tú puedes distinguir cuál es la realidad y cuál no, reconocer la diferencia. Por ejemplo, La guerra de las galaxias es muy diferente de la realidad en la que uno vive. Pero de una manera creciente ya estamos viviendo en ese mundo. Y como en esas películas, viviremos con robots, ése es nuestro futuro. En el mundo real vivimos y hablamos cada vez más con robots, los robots se hacen cargo de nosotros en hospitales, los robots nos enseñan...

Usted afirma que los cyborgs serán una nueva especie inteligente, y que por primera vez habrá dos especies inteligentes en el planeta que dialoguen.

Así es. Pero lo que para nosotros será difícil de aceptar es que la otra especie tal vez sea más inteligente y recordará más, pues tendrá memoria ilimitada. Así que necesitamos aprender a cooperar con ellos. Lo que ocurre con la mayoría de las películas de ciencia ficción es que siempre terminan con una guerra entre humanos y robots. Siempre hay un conflicto. Así que en lugar de pelear, debemos aprender a coexistir y aprender uno de otro. Los humanos no deberíamos temer ser reemplazados por robots, tal vez se hagan cargo de algunos trabajos, pero ellos pueden aprender de nosotros y nosotros de ellos.

¿Qué riesgos ve en el ciberespacio?

Primero, que confiamos en la tecnología, pero no sabemos qué tan confiable es. Hacemos nuestra sociedad totalmente dependiente de la tecnología, pero la tecnología falla. Así que realmente no sabemos ni nos hemos hecho un escenario de qué pasaría si la tecnología no funciona. Estamos dando todo tipo de tareas a las máquinas, y ya no tenemos la capacidad de hacer esas tareas por nosotros mismos. Somos totalmente dependientes de la electricidad. ¿Qué pasará cuando falle? Otro problema es que en el ciberespacio todo termina siendo transparente, así que tenemos que repensar totalmente el concepto de privacidad. ¿Todavía habrá privacidad en el ciberespacio? No, porque todo mundo te podrá ver al vivir en una suerte de casa de cristal. Somos muy vulnerables a esa situación. Necesitamos repensar en eso. A medida que la tecnología avance sufriremos una mayor invasión a nuestra privacidad. También está la posibilidad de sufrir mayor control por parte de los gobiernos, que siempre quieren saber lo que los ciudadanos están pensando, planeando y confabulando.

Lo vimos con la recaptura del narcotráficante Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, cuando el gobierno por primera vez acepta que espía una red social como WahtsApp.

Así es. Básicamente un gobierno puede rastrearnos por el uso de nuestros celulares. Y el problema, por supuesto, es que entre más los usemos, los gobiernos sabrán dónde estamos, con quién hablamos... Así que podemos olvidarnos de la privacidad. Eso se acabó. Es vigilancia total durante las 24 horas de los siete días. Claro, también puede servir para buenas causas, por ejemplo para atrapar criminales, pero igual puede ser usada para otros propósitos, para controlar ciudadanos. Así que hay un elevado riesgo en el uso de la tecnología. También hemos renunciando a algunas cosas en las que somos buenos, mucha gente está preocupada porque los robots están tomando muchos trabajos, pero no está muy claro si tomarán trabajos en los que los humanos somos muy buenos. Los humanos somos buenos en interactuar, en conversar entre nosotros, en entendernos entre nosotros. Es muy cuestionable si los robots podrán hacer eso alguna vez. Así que más bien debemos enfocarnos en esta pregunta. ¿En qué somos buenos los humanos, qué podemos hacer bien, mostrando empatía, confianza, realmente comunicarnos con otros, y qué cosas podrán ser tomadas por los robots?

¿Cómo se inserta la cultura pop de EU en el ciberespacio?

Hay una disneyficación y macdonaldización de la cultura. Significa que estamos homogeneizados y uniformados por la cultura global. Y las culturas locales en todo el mundo son tan ricas, tienen sus memorias, sus propias tradiciones y experiencias, y en la medida en que esta disneyficación y macdonaldización crezca, si dejamos a las culturas locales desaparecer, será una pérdida mayor para la humanidad. Necesitamos tener esta diversidad, porque, como Charles Darwin nos enseñó, los organismos con mayor diversidad tienen más probabilidades de sobrevivir que los homogéneos. Así que necesitamos esa diversidad. Si el mundo entero deviene un sólo gran shopping, todos escucharemos la misma música, tendremos las mismas cosas, las mismas películas, será el fin de la humanidad. Es un argumento biológico no político. Es un argumento de biología evolutiva. Si todos hacemos lo mismo, no tendremos posibilidad