El Carro de Comedias de la UNAM recrea a Posada

La puesta en escena, que es dirigida por Carlos Corona, está basada en un cuento del dramaturgo mexicano Hugo Hiriart.
El montaje estará desde hoy y hasta fines de noviembre.
El montaje estará desde hoy y hasta fines de noviembre. (Juan Carlos Bautista)

México

El Carro de Comedias de la UNAM presenta una obra de Hugo Hiriart: Posada es el nombre del juego, dirigida por Carlos Corona. El montaje estará en la explanada del Centro Cultural Universitario desde hoy y hasta el 29 de noviembre, sábados y domingos, a las 11:00 horas.

La escenificación surgió de un cuento de Hiriart, "El nombre del juego es Posada", cuyo título fue invertido. El relato entrelaza cuatro historias de amor que ocurren en un tren y son narradas por la Catrina, dijo Corona.

"Desde hace mucho, Hugo había pensado en adaptar su texto al teatro, y creo que incluso ya se había hecho una versión de él. Adapté la obra al Carro de Comedias, lo cual tiene sus propias particularidades: debe haber forzosamente seis actores y tenemos 12 personajes, por lo que cada actor interpreta más de un papel", comentó.

El Carro de Comedias es un proyecto de la Dirección de Teatro de la UNAM en el que se presentan obras de pequeño formato arriba de un carromato que puede ser llevado a diferentes lugares.

Al llevar el texto a escena se tomó en cuenta la estética de José Guadalupe Posada. Los intérpretes trabajaron con máscaras fácilmente reconocibles, sacadas de los grabados del ilustrador mexicano, y diseñadas por Alberto Lomnitz. La escenografía también aparenta un grabado, mencionó en breve conferencia de prensa.

Si bien la obra no es política, es imposible que no se mezcle lo que pasa en México en la actualidad, "porque para mí todo el teatro es político y social, pero no es el eje central de este montaje. El amor es el tema predominante".

La música fue montada por Leonardo Soqui. El son con el que abre y cierra la obra fue compuesto por el propio Hiriart, y además hay melodías recuperadas por Óscar Chávez.

El montaje recuerda la estética de Posada, que surgió a finales del siglo XIX y principios XX, con la cual fundó una estética nacional: "Posada termina fundando la estética de México, junto con la Revolución y el momento que a él le tocó vivir", explicó antes del ensayo general de la obra.

Las figuras del gallo y la calaca zapatista, entre otras, representan mucho de la idiosincrasia del mexicano. Hay un rigor y una maestría en la técnica que propone, que se entrelazan con lo popular, destacó Corona.

Para él, la vigencia de Posada se debe a que en todas las culturas hay signos que se quedan arraigados que terminan siendo como representantes de una cultura: "Posada es México, junto con muchos otros. Es imposible no buscar pertenencia y encontrar identificación en estos grabados porque nos reflejan de manera muy íntima y sintética".