CRÓNICA | POR LILIA OVALLE ARIAS

Indígenas, los primeros en rendir homenaje a Carlos Montemayor

En el cerro 'El Quemado', centro ceremonial amenazado por la minería, indígenas y activistas recordaron al escritor chihuahuense.

Torreón, Coahuila

No existen coincidencias. Menos cuando se trata de abordar el mundo a través de los ojos de la fe.

Así lo dijeron en reiteradas ocasiones en Real de Catorce activistas mientras caminaron en ascenso hacia el cerro 'El Quemado', centro ceremonial huichol que concentra en su tierra una de las cosmovisiones más antiguas de México y el mundo.

Invitados por hombres que se ocupan en la defensa de la tierra santa del pueblo wixárica, asistimos a un ritual sin saber quién sería homenajeado.

Al abrirse la noche, se alimentó al fuego sagrado en el primer círculo de piedra, lugar donde habita el Padre Sol. Aledaña, en un modesto altar, se colocó la imagen de Carlos Montemayor.

No existen coincidencias. Los gobiernos han traicionado durante siglos a los indígenas y la tierra santa del pueblo Wixárica. Carlos Montemayor siempre lo dijo.

No existen las coincidencias. Fue Susana de la Garza, esposa del escritor, quien me contó en 2011 que su marido, en un viaje a la India, conoció a una muchacha de nombre Sonia, quien de inmediato se interesó por Virikuta al encontrar paralelismos en los rituales que practicanos primigenios en la India y México.

No existen coincidencias. Carlos Montemayor fue a la India en 2006 para conferenciar. Alejado de la comunicación satelital y renuente hasta su muerte a la Internet, el escritor al llegar a casa le preguntó a Susana sobre las grises novedades en México.

Había estallado la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, muriendo en el siniestro 65 obreros atrapados en su vientre vencido.

No existen las coincidencias. Carlos Montemayor puso siempre sus manos en servicio generoso y de protección, en la defensa de los indígenas y los mineros.

Nació en Parral con el olor de los metales en la piel y desde sus primeros libros destacó las condiciones de explotación y miseria de ambos grupos.


En su libro 'Minas del Retorno' al construir la voz de Alfredo Montenegro pareció autorretratarse: “Conocí el furor de las minas. Para él no fueron extraños el olor del carburo, la conmoción de los derrumbes, el sofocante calor de los tiros o las galerías, el agua que pudre la tierra, las botas, la respiración de los hombres”.

No existen pues las coincidencias. En 'El Quemado', centro ceremonial ancestral amenazado por la presencia de la First Majestic Silver, se le recordó en marzo de 2011 con cantos huicholes y le lloraron ojos mexicanos y extranjeros.

Sonia, la muchacha de la India, pidió comunión con el Padre Sol a través de hikuri para ella, para Carlos, para todos. No sabíamos lo que encontraríamos al llegar a la punta del cerro sagrado.

Ni siquiera lo intuíamos. Pero no existen coincidencias. Al ver el altar en homenaje a Carlos Montemayor y a la mujer alta y blanca que en ratos lloraba y por momentos soltaba la risa como niña, supe que debía ser la muchacha de la que me platicó Susana.

En 'El Quemado' la noche se cerró de golpe y el viento helado corrió gimiendo por la serranía oscura, por cobija las estrellas tan lejanas como la luz del pueblo, manchando a pedazos el recortado paisaje de la sierra.

El chamán comenzó su rezo en tanto que otros primigenios le alimentaban el fuego sagrado. Para dormir el contacto directo con la tierra para quienes se sintieran fatigados pues luego de tomar una porción de peyote, canal de comunión con los dioses y medicina, el cansancio se acumula en los huesos.

Pero es imposible dormir. Tanto como evadir el frío sin estar dentro del círculo de fuego. Y es entonces, tras la comunión, cuando las preocupaciones y los amores más enraizados se manifi estan, al poner la mirada en el altar mayor se puede encontrar sentando a un niñito con las manos extendidas para procurarse calor en medio de la oscuridad acentuada por el fuego.

Carlos Montemayor fue a la India en 2006 para conferenciar. Alejado de la comunicación satelital y renuente hasta su muerte a la Internet.

Otra realidad. Sonia pidió el ritual para Carlos y como si de reliquias se tratara, colocó una pipa y un cuadernillo rojo. Arrodillada en el altar me confi ó que fue Susana quien se los obsequió.

Eran de Montemayor y tenían impregnadas sus huellas genéticas e intelectuales. La fotografía del escritor fue adorada con incienso de copal y chocolate de Turín derretido.

Las veladoras y la imagen de la Virgen de Guadalupe no faltaron en la estampa. Entre los tiempos de compás y descanso propios del ceremonial, las conversaciones sobre la incursión minera y de particulares en tierra santa, hacían segunda voz. No existen coincidencias.

Los hombres hablaron del desmantelamiento de 400 hectáreas en el área natural protegida para cultivar tomate y del silencio de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.

No hay coincidencias. Otra preocupación es el agua que se ubica a menos de cien metros de profundidad y por la deben pelear para mantener el equilibrio ecológico y la seguridad de los pobladores.

Las concesiones mineras abarcan desde 'El Quemado' hasta Concepción del Oro y para Charcas. Las mineras están amenazando todo el Bajío.

No existen coincidencias. Los gobiernos han traicionado durante siglos a los indígenas y la tierra santa del pueblo Wixárica. Carlos Montemayor siempre lo dijo.