Escribí para quienes sufren la historia: Carlos Balmelli

El autor conversa con MILENIO acerca de su novela 'La pasión de Lucrecia', una historia de amor durante la dictadura de Stroessner.
Además de hombre de letras, ha sido presidente del Congreso de su país y senador.
Además de hombre de letras, ha sido presidente del Congreso de su país y senador. (Arturo Bermúdez)

México

La pasión de Lucrecia (Suma de Letras, 2013) "es una obra escrita para quienes han sufrido la historia, y no para los que la hicieron", según dice su autor, Carlos Mateo Balmelli. En México, el político paraguayo charla con MILENIO acerca de su novela, contextualizada en la dictadura de Alfredo Stroessner.

Presidente del Congreso de Paraguay de 2003 a 2004, senador de 2003 a 2008 y director de la represa Itaipú, para Balmelli en la novela se destaca una relación de amor, que si bien no opaca a la realidad histórica, prevalece sobre el perfil político: "En esta obra hay dos historias: una sentimental y otra política".

—¿Por qué una novela contextualizada en la dictadura de Alfredo Stroessner?

—La idea no era contextualizarla en Stroessner, pero el stroessismo tuvo componentes institucionales y culturales que se presentaron en toda la región. Esa dictadura tuvo características propias, como la de ser un gobierno unipersonal, y también otros elementos que se encontraban en las dictaduras argentina y chilena: depredar los bienes públicos como moneda política, una cultura de sometimiento, el manejo de los aparatos ideológicos del Estado, la exacerbación de una doctrina nacionalista al servicio de determinada ideología política. Este libro también es un fundamento contra el fanatismo porque, como digo en la novela cuando empieza el capítulo de Anastasio Somoza Debayle: 'Somoza haría el acto más inusual de la vida: morirse, pero el día del tiranicidio coincidieron tres autoritarismos en América Latina: el de Stroessner, el de Somoza y el de la izquierda'. La izquierda también era autoritaria. Eso se explica en el libro cuando se habla de la guerrilla argentina".

—¿Cómo afectó a Paraguay el asesinato de Anastasio Somoza Debayle?

—Fue un tiranicidio. Lo que demostró es que el esquema de seguridad de la dictadura era vulnerable. Antes se consideraba que el sistema era hermético, impenetrable. Esto no quiere decir que el atentado contribuyera a la democratización del país. Tampoco ayudó a despertar una conciencia libre.

"Son hechos aislados. Elevar la conciencia de los pueblos es un trabajo cotidiano y hay que tener una misión estratégica. No es cuestión coyuntural. Elevar la conciencia de los pueblos significa realizar un conjunto de reformas institucionales y un aprendizaje colectivo de largo alcance".

—El padre de la protagonista, ministro del Interior, quería suceder en el poder a Stroessner. ¿Por qué se ven truncadas sus aspiraciones?

—El atentado contra Somoza Debayle cambió el destino de mucha gente que estaba en el círculo de poder. Primero el de Lucrecia, que no tenía nada que ver con la política; segundo, el de Baltasar, guerrillero infiltrado que busca enamorar a Lucrecia y que al principio juega con ella para conseguir información, y, tercero, el del ministro del Interior.

—¿Quién es Lucrecia?

—Es una joven que en sus primeros años de vida parece frágil, superficial, que apuesta a la banalidad de la existencia. Pero cuando le toca vivir en la adversidad se hace fuerte. Al empezar a leer la novela uno puede inscribirla en las obras del dictador: La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa; El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, y El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, entre otras, pero no es así. Se llama La pasión de Lucrecia porque mi personaje novelado, vence al dictador.

—¿En quién se basó Stroessner para ejercer el poder?

—En cinco personajes: Perón, de quien admiraba la capacidad de calcular las cosas, la oratoria y la sabiduría política; Juscelino Kubitschek, presidente demócrata brasileño, a quien le aprendió la idea de hacer muchas obras públicas; Charles de Gaulle, quien lo influyó en las ideas nacionalistas; Richard Nixon y su idea de buscar un enemigo, y Francisco Franco, quien le enseñó que el poder real reside en el Ejército.

—¿Dónde coloca la dictadura de Stroessner respecto de las otras que hubo en América Latina?

—Tuvo el apoyo del Partido Colorado, lo cual es importante porque le daba una formalidad democrática. Había Parlamento, Poder Judicial, etcétera. Pero los derechos humanos fueron sistemáticamente violados, había una fobia al comunismo y no era un Estado de derecho, lo cual se dio en la región. Jactarse de que estaban por arriba de las instituciones era una demostración de liderazgo. Augusto Pinochet gobernó en una dictadura antipartido político, y lo mismo pasó en Argentina y Uruguay, mientras que en Brasil sucedió igual que en Paraguay.