Distinguen un poemario atrevido y caótico

Carla Xel-Ha López Méndez, es ganadora del Premio de Poesía Joven Elías Nandino por su poemario Cartas de amor para mi amigo cerdo
La joven autora que actualmente trabaja un puñado de ensayos sobre diversos temas como el dinero, la infancia y las enfermedades.
La joven autora que actualmente trabaja un puñado de ensayos sobre diversos temas como el dinero, la infancia y las enfermedades. (Enrique Vázquez)

Guadalajara

Un galardón siempre sorprende, más si es de tu propia casa y lleva un alto nombre de un escritor jalisciense, estoy contenta”, dice Carla Xel-Ha López Méndez, la ganadora del Premio Poesía Joven Elías Nandino 2014 y autora del poemario Cartas de amor para mi amigo cerdo, para quien la poesía es “el poder preguntarte por qué las cosas parecen ser así. Leer y descubrir que hay algo por preguntarte. Si yo no escribo tendría que encontrar otra manera que me haga sentir bien cuestionándome el mundo o revisando qué pasa a mi alrededor o en mí”.

La joven autora que actualmente trabaja un puñado de ensayos sobre diversos temas como el dinero, la infancia y las enfermedades, combina su creación literaria con su labor como docente de un taller de creación literaria en una preparatoria de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

López Méndez, quien se ha formado en dicha casa de estudios dice que “la literatura es enfermedad y medicina, no concibo mi vida sin escribir o encontrar otra manera que me llene para redescubrir lo que vivo.

La ficción es muy importante para la vida, sin literatura no sé si podríamos comunicarnos, siquiera”. De acuerdo con la joven, los textos con los que obtuvo el premio, los escribió entre 2011 y 2013, “un año prolífico en el que pasé cerca de cuatro meses en San Cristóbal de las Casas, en donde trabajé como mesera de un restaurante y me alejé del círculo de amigos, familia y de intelectuales con los que discutes a veces algunos temas en las cantinas”, dice la escritora quien agrega que su poemario con el que concursó bajo el seudónimo de Nativa Wolken, es un caos, y en él, el hilo conductor es lo anecdótico.

Ángel Ortuño, uno de los jurados al lado de Silvia Eugenia Castillero y Santiago Matías, comenta que el argumento central para dar su fallo a favor fue que se trataba de una colección de textos cuyos mejores momentos conseguían inscribirse en un registro donde la ironía e incluso el sarcasmo, la imaginación verbal y los atrevimientos más allá de los registros seguros de corrección formal, ofrecía al lector una experiencia extraña, desafiante y, en general fuera de los “buenos modales” poéticos que imperaban en los otros participantes. Por su parte Castillero comenta que le pareció un conjunto de textos “atrevidos y llenos de humor, una propuesta muy arriesgada”. Los dos coinciden en que al saber la identidad de quien ganó, celebraron que fuera una mujer. “Desde hace muchos años veo con mucho interés que la poesía que producen jóvenes entre 15 y 25 años, la que encuentro siempre con más calidad es la de mujeres”, afirma Ortuño, quien añade que la trascendencia de este premio, se debe a que siempre ha sido un certamen que arriesga y el resultado ha sido la distinción de libros extraños, que nos obligan a revisar la noción de escritura poética como lectores” comenta el también poeta.