Crítica de libro: Carballo

Dedicó su vida a la llamada crítica literaria. Género, si así se acepta, que empezó a ejercer desde su primera juventud.
Emmanuel Carballo, "Párrafos para un libro que no publicaré nunca", Conaculta, México, 2014, 172 pp.
Emmanuel Carballo, "Párrafos para un libro que no publicaré nunca", Conaculta, México, 2014, 172 pp. (Especial)

Ciudad de México

Emmanuel Carballo tuvo la gracia de morirse un domingo de abril. No cualquiera —de concierto, toro, lectura, fiesta— sino el destinado por la república de las letras a uno de los más grandes novelistas en lengua española. Ironía de estos tiempos —cargados de muertes públicas y privadas— donde las celebraciones coinciden con las siempre dolorosas partidas. Gelman, Pacheco, Campbell, Helena, García Márquez, Carballo.

Originario de la provincia conservadora de tierra adentro, Carballo dedicó su vida a la llamada crítica literaria. Género, si así se acepta, que empezó a ejercer desde su primera juventud, cuando Guadalajara “era un proyecto de ciudad”. “Si de veras quieres interesarte en las letras”, le dijo su madre, “hazlo los sábados y domingos”. El no le hizo caso, “por supuesto”, y dejó entonces sus estudios de Derecho para dedicarse “de tiempo completo” a la literatura.

Pronto, lo relata en Párrafos para un libro que no publicaré nunca, se volvió el “niño terrible” de la crítica literaria mexicana. Y hasta su muerte, ni duda cabe, “insobornable, espero que convincente, muy estricto con los escritores mayores y generoso (sin ser complaciente) con los escritores que empiezan su carrera”.

Libro de apuntes que apuntan certeros a los temas (diversos) ahí abordados, Párrafos… aparece ahora en librerías. Unos cuantos días después, nueva ironía, de la partida de Carballo (y dedicado a Guillermo Tovar de Teresa, fallecido apenas el pasado noviembre). Completa además lo iniciado por el autor en Ya nada es igual y Diario público 1966-1968, que datan de 1994 y 2005.

Hacia el 2011 Carballo escribió: “es mejor que no me cuenten cosas significativas porque inmediatamente las divulgo”. Lo que habla del entendimiento del oficio periodístico ejercido durante décadas, y de su vínculo con los temas literarios, bien reflejado en sus libros Protagonistas de la literatura mexicana, Protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX y Diccionario crítico de las letras mexicanas en el siglo XIX.

Si alguien ha ejercido en nuestro país la crítica literaria —la honrada— es Carballo. Crítica literaria que observaba como “una utopía”. “La he tratado de practicar en las sucesivas etapas de mi trabajo. En cada una de ellas conocí el rechazo, el silencio. Los autores enjuiciados casi siempre creyeron que minimizaba su talento por dos razones: la envidia o la ineptitud”.

Así como el celebrado Octavio Paz, que veía “un error” el ignorar la relación entre la vida del escritor y su obra, Carballo entendió la literatura “en un contexto social”. “La literatura no es imitación de la vida”, dijo, “es una forma personal de ver y vivir la vida. Creo en el influjo del autor sobre el lector y viceversa”.

Creencia que cultivó toda su vida.