La Capilla Sixtina “es su casa”, dice el Papa a vagabundos

Francisco apareció por sorpresa para dar la bienvenida a 150 personas sin hogar que fueron invitadas a conocer el templo del Vaticano y sus museos.
El limosnero del Vaticano Konrad Krajewski (c) ha impulsado varias iniciativas para ayudar a la gente pobre que no tiene casa.
El limosnero del Vaticano Konrad Krajewski (c) ha impulsado varias iniciativas para ayudar a la gente pobre que no tiene casa. (Alessandra Tarantino/AP)

Ciudad del Vaticano

El papa Francisco recibió ayer a decenas de vagabundos en la Capilla Sixtina, donde apareció por sorpresa acompañado solo de un mayordomo para dar la bienvenida a las personas sin hogar que fueron invitadas por la Limosnería apostólica.

“Bienvenidos. Este es la casa de todos, es su casa. Las puertas están abiertas siempre para todos”, fueron las palabras del pontífice, quien estrechó la mano de cada una de las personas sin hogar bajo los frescos de Miguel Ángel.

Visitan los museos

Francisco agradeció al limosnero del Vaticano, Konrad Krajewski, la iniciativa que impulsó para invitar a la gente de la calle a los museos vaticanos, una visita que Bergoglio definió como “una pequeña caricia” para los visitantes.

Tras pedir a los vagabundos que rezaran por él, el Papa los bendijo y se quedó con ellos durante 20 minutos.

Esta fue la primera ocasión en la que las personas sin hogar que viven en las inmediaciones de Roma entraron en los Museos y pudieron contemplar la obra de Miguel Ángel.

Fueron un total de 150 las invitaciones que entregó Krajewski, en nombre del papa Francisco, entre los vagabundos y los pobres que viven en las calles adyacentes a San Pedro.

La invitación, según relató a los medios Pino, un vagabundo que lleva en la calle más de 30 años, la entregó Krajewski el martes por la tarde y aportó así “calor” a quienes sufren más.

“Es un buen regalo por parte del Papa y de Krajewski” que le provocó una “ilusión importantísima” a Pino, quien dijo conocer muy bien al limosnero y verle y hablar con él “muy a menudo en las calles”.

Del Papa, dijo sentirse “muy cercano” tras haber sido recibido “cuatro o cinco veces en audiencias grupales” y se refirió a él como “un papa buenísimo”. También aseguró que acude de vez en cuando a las iglesias cercanas para ver obras de arte.

Alessandro, que también vive en la calle, compartió la felicidad de Pino por la oportunidad de adentrarse en los Museos Vaticanos, a los que, a pesar de ser romano, nunca antes había tenido la oportunidad de visitar.

“Mucho interés y mucha curiosidad” es lo que sintió al recibir la invitación para una jornada que resultó “muy gratificante... ¡Parece mentira que siendo romano no haya visto nunca la Capilla Sixtina, qué vergüenza!”, exclamó Alessandro, que a pesar de haber nacido y vivido más de 40 años en la capital italiana, no tuvo ocasión de apreciar el arte vaticano.

Graziella, una mujer que lleva 30 años viviendo sin casa, dijo a la salida del Vaticano, después de la cena con la que terminó la visita, que “el Papa está dando un buen ejemplo”.

Fue una “experiencia maravillosa, extraordinaria, irrepetible”, así como “una gran sorpresa encontrar al pontífice muy sonriente y humilde. Nadie lo haría, solo él, la humildad de este Papa es inigualable”, aseguró.

Para los pobres

Los organizadores explicaron que dispusieron distintos grupos para llegar a los museos y los vagabundos visitaron también los jardines, además de hacer un recorrido para contemplar las obras de arte, en especial las de Miguel Ángel.

La iniciativa fue impulsada por la  Limosnería del Vaticano y se suma a otros gestos que ha tenido con esas personas. Entre las obras de caridad desarrolladas recientemente destacan también la entrega de 400 sacos de dormir a gente que vive en las calles de Roma.

El mes pasado abrieron tres duchas y una peluquería para las personas sin hogar que a menudo viven y duermen bajo las columnas de la plaza de San Pedro y en los alrededores.

Grifos de agua caliente, dispensadores de jabón y secadores de manos son algunos de los servicios que benefician a personas sin hogar para mantener una buena higiene.

Además, la Limosnería vaticana entregó recientemente equipos de aseo compuestos por una toalla, jabón, cepillo de dientes y dentífrico, espuma y cuchilla para afeitarse.

Los vagabundos han contribuido a esos gestos ayudando a la Limosnería a repartir biblias de bolsillo.

La preocupación por la higiene personal de los vagabundos vino después de que Krajewski le contase al papa que había invitado a una de estas personas, un italiano llamado Franco, a comer por su cumpleaños, pero que este lo rechazó porque se avergonzaba de que “olía mal”.