Cantar, un arte intensamente personal: Renée Fleming

La voz, dice la soprano estadunidense a MILENIO, “nos brinda la forma más directa de expresión musical, es el único instrumento con el que nacemos”.
La cantante ofreció ayer una clase magistral en el Centro Nacional de las Artes.
La cantante ofreció ayer una clase magistral en el Centro Nacional de las Artes. (Andrew Eccles)

México

Cuando estudiaba en la universidad, la soprano estadunidense Renée Fleming quería ser cantante de jazz; incluso cantó en clubes y le ofrecieron alguna gira. “Pero sentí que no estaba lista”, dice en entrevista por correo electrónico con MILENIO. Entonces su vida cambió.

Al estudiar música clásica, agrega, “como la mayoría de las jóvenes cantantes, soñaba con cantar en las grandes salas de ópera del mundo. Pero para mí no fue un éxito de la noche a la mañana. Hice audiciones durante muchos años hasta ser aceptada. Finalmente, me he dado cuenta que he alcanzado el mejor sueño para un músico: una vida hermosa que me permite expresar libremente un repertorio, mantenerme durante décadas en el proceso artístico de aprender y crecer, y viajar por el mundo. Todo en esta tradición de cantar lo que amo”.

La noche del martes, en el Palacio de Bellas Artes, Renée cantó con maestría parte del repertorio que ama, acompañada por Gerald Marin Moore, a quien describe como un “pianista increíblemente sensible y dotado”. Los privilegiados que asistieron a la sala, o quienes vieron el concierto en la pantalla gigante en el corredor Ángela Peralta, la escucharon interpretar, con su habitual maestría, arias y canciones de Mozart, Handel, Massenet, Rachmaninoff, Donaudy, Tosti, Leoncavallo y, como un regalo a los anfitriones, de Manuel M. Ponce.

Ganadora de innumerables reconocimientos, Fleming afirma que “una de las grandes satisfacciones que he experimentado es haber sido parte de la creación de nueva música. Obras como A Streetcar Named Desire, de André Previn; The Strand Settings, de Anders Hillborg, y Le temps l’horloge, de Henri Dutilleux, espero que estén por ahí durante muchos años”.

Si Fleming ha cantado en las grandes casas de ópera, también lo hizo en el Super Tazón, en música de filmes de Hollywood y con artistas tan diversos como Elton John, Sting, Lou Reed, Joan Baez y los Muppets. “Cantar en otros géneros es una gran recompensa. Crecí escuchando todo tipo de música, algo que todavía hago­, así que he seguido mis gustos en una variedad de estilos y cada uno me ha enseñado algo nuevo sobre mi propia voz”.

Disfrutar la libertad

Se ha dicho que Renée Fleming se retirará pronto de las grandes producciones operísticas, lo que la soprano explica: “Yo no describiría así mi carrera. Por el momento, no he planeado ninguna gran producción de ópera más allá de 17. Tras haber cantado más de 50 papeles, no hay muchos que me haya perdido. He disfrutado la libertad de hacer conciertos y recitales en los que puedo diseñar un programa y contar una historia musical propia. Pero no descartaría cantar ópera, especialmente si hubiera una obra, con un gran papel para una soprano lírica que no sea tan ingenua”.

Del más de medio centenar de papeles, Fleming dice no tener uno favorito. “Sin embargo, tal vez me he sentido más cercana a los papeles de Strauss, esas mujeres de muchas capas: la Marschallin en Der Rosenkavalier, Grafin Madeleine en Capriccio y Arabella en la ópera del mismo nombre. Sus conflictos emocionales e intelectuales son hermosamente evocados en la música y son mujeres inteligentes con poder sobre sus propias vidas. Probablemente ayudó el hecho de Strauss estuviera casado con una soprano”.

Al preguntarle sobre el poder de la voz humana, la cantante concluye que “nos brinda la forma más directa de expresión musical. Es el único instrumento musical con el que nacemos y el único que es verdaderamente diferente en cada persona. Así que cantar es un arte intensamente personal, con el poder de expresar nuestra verdadero ser y remover nuestras emociones más grandes”.

Fleming expresa que vivimos tiempos desesperados, aunque considera que “la música y todas las artes tienen mucho que ofrecer a nuestra sociedad. Además de la necesidad humana de experimentar la belleza, hacer música es una forma de lograr que la gente trabaje junta y se comunique, sin importar sus diferencias. Esta es la premisa de una organización en la que estoy involucrada, llamada Polyphony, que usa la música clásica como una manera de construir puentes y promover la concordia entre las juventudes árabe e israelí”.

La soprano agrega que la música puede ser también una herramienta importante en un “amplio rango de desafíos de salud. En mi nuevo papel como asesora artística del John F. Kennedy Center desarrollo un proyecto para explorar y difundir algunas formas sorprendentes en las que la música nos está ayudando a entender el desarrollo del cerebro y encarar problemas como el alzhéimer, el trastorno por estrés postraumático, el dolor crónico y el autismo”.